LA COLUMNA DE ALBER-VISSIÓN: «QUE SE HABLE DE MÍ (AUNQUE SEA BIEN)»

El martes pasado vivimos durante la primera semifinal de 2019 las que probablemente pasarán a la historia como las dos peores horas que Eurovisión nos ha dejado en más de sesenta años de concurso. El espectáculo televisivo, el escenario monumental, las luces, los muy acertados presentadores… Todo eso va en el lote de un envoltorio envidiable que ha resistido épocas aciagas de descrédito, y que hace bastante que vive una nueva juventud.

Tal vez para resarcirnos de tamaño despropósito, la segunda semifinal ha sido excelente, emocionante, casi casi una final anticipada. No era difícil, porque la primera había sido nefasta, pero lo cierto es que, a excepción de la outsider Australia e Italia, consolidadísima favorita desde hace meses, todas las aspirantes a hacer un buen papel pasaron ayer por el coquetón escenario de Tel Aviv.

Primera cosa que hacen, confirmar que actúa Madonna. De verdad, no nos tomen por bobos. Pues claro que la abuela nos va a dar una clase de taichí de esas que hace ella, lo que pasa es que tenemos que montarnos drama y Madonna es perfecta para ello. ¿Qué el contrato no estaba firmado? Sí, y los ensayos, la logística, los bailarines y las coreos ensayados hasta el milímetro, los juegos de luces exclusivos, el lanzamiento mundial del single, la campaña de marketing, todo lo que mueve una número uno mundial como esta señora nos lo cargamos en tres días.

Me interesa mucho más el anuncio que han hecho de la presencia en la final de la increíble y rubísima Ilanit, que debería actuar con un chaleco antibalas. Y que luego me lo traiga para cuando me toque valorar la actuación de España. Vamos con los semifinalistas, que se han traído todo tipo de artilugios para hacer suya esa máxima tan manida de que se hable de mí aunque sea bien.

  1. ARMENIA

No me gusta ser falso. Armenia es uno de los países que más me gustan en Eurovisión, al nivel de lo mal que suelen caerme Irlanda y Malta. Valoro mucho esa querencia por el show y su deseo de enviar temas de calidad y derrochar en todo tipo de artefactos con tal de agradar. Este año se han quedado un poco a medias. Prometía mucho más la macarra Srbuk, que defiende un temazo super actual digno de Rihanna o cualquiera de estas. A pesar del despliegue de efectos la noto muy sola en el escenario y nerviosa perdida, lo cual se nota y mucho en la voz. En Eurovisión estas puestas en escena tan agresivas no funcionan, está más que comprobado. Mírala, se va al final como haciéndose la cabreada… Vamos, coge a Dakota y estos de Hermano Mayor y les mete un galletón de los buenos. Segundo año consecutivo en que quedan fuera de los puestos de privilegio. Para empezar a hacérselo ver.

  1. IRLANDA

Ya digo que no me suele gustar el almíbar irlandés. Yo soy más del macarrismo de Srbuk. Canción decididamente antigua y cursi, interpretada como a tirones por aquí la amiga Sandie, que nos cuenta lo mucho que quiere a Danny y que está hopelessly devoted por él. Sí, bueno, los gráficos están chulos, pero sólo envuelven un ridículo numerito de baile de fin de curso imitando el bar donde le echaron a Frenchie el batido por en cima mientras la rubia sigue aterrada, presa de un ataque de pánico escénico de los que hace época y totalmente asfixiada a pesar de que apenas se ha movido del sitio en tres interminables minutos. Me ha faltado el coche y Travolta subido encima. ¿He dicho que no suelo soportar a Irlanda y su almíbar? Con todo, mira, no ha estado mal del todo

  1. MOLDAVIA

Nos gusta mucho más Moldavia cuando aparece en plan gamberro u original como en los últimos años. Ahí se mueven ellos como pez en el agua y se cuelan en los lugares de privilegio sin problema. Este incomprensible recurso a la diva berreadora un poco pasada de moda y al numerito de circo no les pega nada, y más cuando lo que sustenta el conjunto es la presencia de Kseniya Simonova, que ya pisó el escenario de Eurovisión en 2011 y sí sorprendió. Hoy sus números con la arena nos siguen admirando pero la gente los tiene muy vistos. Ah, también cantó una guapa chica, la doble de nuestra Merche, con el modelito firmado por Palomo Spain que descartó la Pedroche la pasada Nochevieja porque le pareció demasiado tapado. Ha cantado un poco raruno, y la semifinal ha estado cara. A tu casa.

  1. SUIZA

Luca Hänni lleva meses instalado en la parte alta de las apuestas y sólo tenía que salir a cantar y bailar la segunda versión de Fuego que escuchamos este año. Y vaya que si lo hizo. Como nos pasó ayer con el checo, se nos antoja magnético, flexible, inspirador, hasta su cartolina de presentación está más currada que la del resto. Ya la entrada felina recuerda a la de Eleni el año pasado. Lo siguiente es una especie de videoclip de curradísima factura que el propio Luca ha coreografiado, cantando fenomenal y seduciendo a la cámara en cada plano, que haría palidecer de envidia al mismísimo Bruno Mars. También tiene en el mismo lugar el momento de clímax en que Eleni se quedaba sola en el escenario, unos petarditos, un poco de humo y vuelve el cuerpo de baile como volvía el año pasado el de la representante chipriota. Originalidad poca, pero calidad toda. Moraleja: Si sabes cantar y bailar, copia lo que ya ha funcionado. A la final sobrado y a pelearse la tercera victoria helvética.

  1. LETONIA

Todo lo que era plástica diversión en el representante suizo es sosería y bobez en la participación de Letonia, un bajonazo repentino. Con lo bien que lo estábamos pasando. Desde los primeros acordes ya todo se centra en la guapísima solista, que tiene un aire a Marion Cotillard, perfectamente maquillada y peinada, con su vestido de novia de los años 50, botas de agua y sombrero cordobés. La canción no da para más, y en esta noche en que la gente ha sacado todo al escenario con tal de que se hable de ellos, se nos antoja un poco pretencioso el creer que alguien se va a fijar a en ti cuando lo más caro que llevas son las botas de agua. ¿He cantado mal? Se preguntará ella. En absoluto, pero la noche no iba de perroflautismo, chica.

  1. RUMANÍA

Otro bajonazo brutal. Por el escenario de Tel Aviv aparece Esther Pedorry o Peony, como quiera que se llame la rumana, decidida a aburrirnos con una canción sin demasiado sentido. Ella comparece sentada con su outfit a lo institutriz de película de miedo de Amenábar, que resulta tener su punto viciosilla y lo que le mola es montárselo con sus amiguitos sadomasoquistas que le acompañan en el escenario y están bastante buenotes. Como les pareció poco, ocupan las pasarelas laterales con dos coristas y un guitarra (no se oye ni una guitarra en los tres minutos). También hemos tenido llamaradas de fuego, un fondo de escenario inquietante… ¿algo más, mi niña? ¿unas palmeritas? ¿un puesto de perritos calientes? Hala, un año más Rumanía fuera de la final y con toda justicia.

  1. DINAMARCA

Menos mal que aparece por ahí Conchita, amiga de todos, nos dice unas palabras de esas muy bien dichas que ella suele decir y nos emplaza a escucharla en la final junto a otros artistas eurovisivos. El tiempo necesario como para que el presentador (que me he dado cuenta de que pese a tener Turquía ahí al lado, eligió hacerse un injerto capital fataloso en la clínica de su barrio con resultado bastante cuestionable) nos presente a la danesa Leonora, que es muy buena niña y hace gala de ello en todo momento. Ya conocíamos el numerito de la silla de su selección nacional, que han variado mínimamente pero que les sigue funcionando pese a la muy insuficiente voz de ella. Necesitamos cuota cursi en la final y Dinamarca siempre está ahí para aportarla, cantándonos en francés si hace falta. Cómo se ríe, qué mona.

  1. SUECIA

Y el escenario que se viene abajo con el bueno de John Lundvik. El vidrio de presentación nos encanta, con la potencia de esos trabajados glúteos y esa sonrisa suya (blanquísima, ahora sí). Qué más da que nos recuerde un poco al hit de Cesar Sampson de 2018, cuando todo en esta actuación es sencillamente memorable. Para quienes piensan que algunos somos demasiado duros con España… ¿Ustedes se han dado cuenta del pedazo de flexo de leds que nos trae John? ¿Han visto cómo lo ilumina de nosecuantas formas distintas? ¿Se han fijado en la meticulosidad de la realización? Contra ese tipo de despliegue técnico, esa actuación ensayada y medida hasta el último gesto y la incuestionable calidad de la voz del representante del país de Ikea no hay quien compita. Y menos si de Ikea vamos nosotros. Lo dicho, que se hable de uno. Por si fuera poco con el swing que él tiene de por sí, aparecen cuatro negrazas impresionantes que terminan de redondear una apuesta ganadorísima. También han sacado un montón de cosas, como la rumana, pero aquí hay calidad verdadera.

  1. AUSTRIA

Pobrecita Paenda. Anda que tocarte salir detrás de la más ambiciosa versión de Suecia, desesperadamente en busca de su séptima corona. Y ahí compareces tú, la alternativa y plasta del grupo, con tu pelito de colores, fatalmente iluminada, con las estrellitas de tu tatuaje como única protección, haciendo lo que puedes para defender entre susurros una canción que ni mucho sentido tiene. Es obvio que se puede cantar peor que ella, pero a Serhat no le ha tocado hoy. Y ya tirando para el final, gallazo que te pego… Bueno, míralo por el lado positivo, ahí vas a estar, junto a Justine Palmelay y Manel Navarro, en los recopilatorios anuales de eurovisivos que sueltan un gallo. A estas alturas seguramente Conchita se habría pirado del pabellón para no tener que afrontar el bochorno de que la gente le preguntase: “Oye, qué floja la austriaca, no?”.

  1. CROACIA

Llegada de su Málaga natal, Roko va a defender este año los colores de Croacia. Después de triunfar en Número 1 ganó Tu Cara Me Suena, donde pudo imitar a las eurovisivas Loreen y Jamala… ¿Perdón? Ah, que no es Roko la nuestra, sino un chiquito que se llama así. Vale, vale. Algo que agradecemos mucho de este festival de 2019 y del mensaje que nos dejó la victoria de Netta el año pasado es que no hay que estar cien por cien buenísimo para venir a competir y hasta ganar. La suya fue una victoria rotunda frente a la flaca Eleni. Como muestra, el fofisano Roko, que canta maravillosamente y se desenvuelve con acierto en una difícil y exigente canción. Aunque el diseño de los gráficos está muy bien, la puesta en escena es un poco irregular, con los angelitos y tal, y no se entiende que no se hayan dejado un poco más de presupuesto en ponerle unas alas mejores al bueno de Roko. En la semifinal de ayer esta canción pasaba seguro, pero hoy está la cosa más cara.

  1. MALTA

Ya les he dicho que habitualmente no tolero mucho a Malta como país eurovisivo. Me parece todo como muy meloso, muy dulzarrón, no es lo mío. Otra a la que le gustó Chipre el año pasado, pero que en lugar de montarse un show con unos bailes como hizo Luca el de Suiza, se monta un show bastante bochornosillo, con la enésima estructura en forma de caja que veremos hoy. Debe ser la misma que sacaron el año pasado. Así de entrada el vestuario de ella no tiene nombre, dignísimo finalista para el Barbara Dex, y lo completa con un fatalísimo estilismo capilar con una evidente falta de tinte en esas raíces negras. Por otro lado, qué mal canta la muchacha. Pero mal, brutota, sin color alguno en la voz. La segunda mitad de la canción ha sido taladrante, incluso, fuera de sitio y sin ningún gusto. En fin, esto no hay por dónde cogerlo. ¿Alguien le ha sacado ya a Michela la tarjeta de embarque para el primer vuelo a La Valleta? ¿Qué me cuentas? ¿Que la Amaia Montero maltesa se ha clasificado y mi croata y mi moldava y mi armenia se me han quedado fuera? Yo me doy a la bebida, no sin antes decirte que algo debe tener la estructura de Fuego, porque los tres países que la han copiado estarán el sábado en la final.

  1. LITUANIA

Una de las actuaciones más sorprendentes ha sido la de este desgarbado lituano de nombre Jurij, que debe medir 1.90 de alto y como dos metros de envergadura de dedo a dedo de esas enormes manos. Monísimo aunque algo moñas, y derrochando carisma a pesar de venir solito, con su camiseta negra, confiando todo a una presencia escénica de la que adolece por ejemplo la amiga maltesa, nos ofrece una canción decididamente feucha de esas con mensaje que tan de moda están. Ve y corre con los leones, lucha por aquello en lo que crees y tal. Como ya hemos dicho, la noche va de barroquismo, y Lituania se va a quedar fuera por no cumplir con el guion. Una pena, porque también hubiese pasado de haber competido en la primera semi.

  1. RUSIA

Y llegó él. Sergey Lazarev, el divino, el que tuvo que soportar con cara de orto la humillación pública de verse superado en el último segundo por la eterna rival, Ucrania, cantando incluso al genocidio tártaro. Un sapo demasiado gordo el que se tragó uno de los niños mimados de la madre Rusia, que le da una oportunidad de superar sus traumas, poniendo a su disposición todos los rublos necesarios y el talento creativo del otro tiempo invencible tándem Filip Kirkorov – Fokas Evangelinos. Pues no. Este año tampoco va a ser el del segundo triunfo ruso. Aun habiendo pasado a la final, ni muy clara veo su presencia en el Top10, dado lo aburridísimo de la pretenciosa canción, que parece haber sido compuesta en dos minutos. Derroche de luces, el escenario repleto de una especie de neveras de dos metros que lo mismo se convierten en espero que te proyectan la imagen de 20 Sergeys, y la voz incuestionable de él -de blanco impoluto y perfectísimo tupé-, que se ha lucido muchísimo, pero no. La canción ya nos pareció un bodrio cuando nos la presentó y hoy directamente no nos interesa nada, más bien se nos hace muy pesada y terminamos pidiendo que termine.

  1. ALBANIA

Siempre me preguntaré de dónde saca este país tan enano tantísima gente que cante bien. Año tras año nos sorprenden con intérpretes brutales de voz potente y que encima te interpretan las canciones con muchísima alma. Aparte, ¿cómo no va a gustarme una cantante que se llama Jodida Mariqui? Apantojada, tatuadísima, hasta arriba de oros, con su vestidazo repleto de volantes y esos labios carnosos como filetes de ternera lechal, yo me debo a usted, señora. Por segundo año consecutivo aciertan los albaneses al mantener en su idioma una sentidísima y desgarradora canción que nos habla de emigración, muerte y retorno, olvidando aquella tonta costumbre que tenían de traducirlas al inglés con cuatro obviedades de te quiero-te amo. Y también por segundo año consecutivo a la final. Se ve que por fin se han dado cuenta de que en inglés suelen tener bastante peor resultado.

  1. NORUEGA

Mira, me ha sorprendido muchísimo el pase de Noruega. Es la tipiquísima canción que a los eurofans nos puede chiflar, pero que el votante medio europeo no tiene el mayor interés en apoyar. No ha sido así, y este tema optimista, que suena a decenas de canciones ya conocidas y donde la puesta en escena está trufada de tópicos y clichés, se cuela en la final, donde hará lo que pueda por evitar los puestos más rezagados. Realmente no han cantado ni bien, tampoco estaban tan bien vestidos, el stage no era nada del otro de jueves, pero ahí están.

  1. PAÍSES BAJOS

Qué sosito es y qué mal baila mi pobre Duncan Laurence, pero qué actuación tan emotiva nos acaba de regalar. Desde que la rubia cabeza de Anouk se asomó al escenario de Malmö hace unos años ya, los Países Bajos no hacen más que darnos alegrías y nos permiten soñar con la vuelta del festival a aquellas tierras que no pisamos desde 1980. Arcade es una canción muy bien construida, plena de sensibilidad, que ha sido llevada al escenario con un buen gusto exquisito. Él aparece con su minipianito, haciendo como que toca, cantando maravillosamente, y la canción no hace más que crecer. ¿Sabemos cómo va vestido? Ni la más remota idea. Yo sólo me he quedado flipado, pendiente de qué nuevo preciosismo nos va a regalar con su voz. Único efecto, la bola de luces que baja del techo (recordemos que el año pasado nos engañaron en RTVE y Gestmusic diciéndonos que una luz no podía cruzar el escenario de lado a lado, ejem) y se posa grácilmente en el piano. ¿Puede fracasar? Puede, pero mucho me temo que estamos ante una muy seria aspirante a la victoria.

  1. MACEDONIA DEL NORTE

Ignoraba que hubiese semejantes bosques en Israel. Estamos atravesando una fase muy interesante de la semifinal, con muy buenos intérpretes como la rubia y guapa Tamara Todevska, vestida con una especie de túnica que le hace un cuerpo horrible. Es la segunda vez que se sube al escenario de Eurovisión, después de que en 2008 una decisión arbitraria de la organización la dejase fuera de la final. Este año no hubo errores, y se planta merecidamente en la final con su elegante y moderna balada que nos habla del empoderamiento de la mujer y el orgullo de serlo. Di que sí, Europa ha entrado en tu rollo y volveremos a disfrutarte el sábado.

  1. AZERBAIYÁN

Y cierra la semifinal otra apuesta segura para la final que se ha confirmado. No se puede estar más bueno que lo que está Chingiz, el azerí, a quien espero pedir en matrimonio en breve. Es curioso que, al contrario de lo que sucede con nuestro representante español, rodeado de una especie de pesadez institucional encaminada a recordar que tiene los abdominales marcados, al cantante de Azerbaiyán se han puesto como objetivo afearlo un poco y dejar atrás esa imagen de chuleta machirulo y crosfitero para que no caiga mal entre los posibles votantes, y que no se despisten de lo importante: Dar el voto a una excelente canción, de lo mejor del año, que recuerda y mucho a la de Bulgaria de 2018. La actuación ha sido brutal, plagada de efectos totalmente novedosos y sorprendentes, y él ha cantado de maravilla. Otro que da que hablar -para bien- y se suma al grupo de cabeza.

Termina, pues, una semifinal que borra gran parte del mal sabor de boca que teníamos. Para amenizar la espera, los consabidos videos de historia del festival, en los que apreciamos que España ha aportado bien poco, o que esa aportación es muy poco valorada. Sólo Remedios Amaya y el Chiki-Chiki aparecen y muy brevemente en el vídeo. Curioso, una canción que recibió un cero y el esperpento aquel son lo único que salvan los documentalistas del festival después de haber revisado centenares de vídeos. Nada de Anabel Conde, Pastora Soler, Ruth Lorenzo, Mocedades, Julio Iglesias, Sergio Dalma… No, lo más casposo de nuestra historia. Deberíamos plantearnos qué imagen estamos dando a nuestros convecinos. Seguramente no la mejor posible.

Y, como postre, la actuación de un sexteto de chicos y chicas con diversas discapacidades llamados Shalva Band, que intentó representar sin éxito a Israel en el festival. Interpretan A Million Dream con una sensibilidad que ya quisiera el 95 por ciento de los que han cantado dentro del concurso estos días. A destacar la gran voz de la solista, diáfana y de hermosísimo color. Con seguridad los tendremos en alguna edición futura del festival.

Y así nos quedamos, pendientes de conocer quién ganará este festival tan efectista, el más abierto de los últimos tiempos, que se plantea como una lucha entre Suecia, Australia, Países Bajos, Italia y Suiza, con Azerbaiyán en la retaguardia.

*Todas las afirmaciones e ideas expresadas en este artículo de opinión pertenecen única y exclusivamente a su autor, y son totalmente ajenas a la Asociación OGAE Spain.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *