LA COLUMNA DE ALBER-VISSIÓN: «MI INFARTANTE CRÓNICA DE LA FINAL DE EUROVISIÓN 2018»

Bueno, bueno, bueno, ya anda el mundo revolucionado con lo de la victoria de Israel y el boicot a Eurovisión 2018. Irlanda ya ha comentado que va a boicotear el Festival 2019, Islandia parece que está en lo mismo… Ya ha salido hasta una campaña alegando que Netta, la flamante ganadora, estaba haciendo el servicio militar cuando su país estaba bombardeando por otro lado. La duda es: ¿Tel Aviv o Jerusalén? ¿Lili o Bianka?

¿Qué dices? ¿Cómo es eso de que puede darse que el euroclub esté en Tel Aviv y el festival celebrarse en Jerusalén? Yo me doy a la bebida ante el terrible eurodrama que se cierne sobre nuestras cabezas.

Y qué caro es Jerusalén… No baja nada decente de 500 euros, con suerte. Con lo divinamente que estaríamos en la progay Tel-Aviv. Mientras, en España seguimos sin dimisiones tras el continental bochorno. ¿Es justo todo esto? No, no lo es. Pero como de eso ya hablamos en la columna anterior, es tiempo de despellejar un poco la final del pasado día 12 de mayo, me atrevo a decir que la mejor y más emocionante en mucho tiempo.

Me lo he puesto en youtube mientras escribo estas líneas, obviamente a través del canal oficial de Eurovisión. Paso de verlo a través de la web de RTVE y aguantar a los petardos comentaristas… De verdad, qué maltrato al espectador y a su dignidad. Qué gente tan terrible, qué poca profesionalidad, pisándose los unos a los otros, cuando no pisando a las presentadoras para no decir nada. Chonismo profundo hasta con tacos en antena… Si, yo también los digo, pero no veo que Eurovisión sea el lugar para largarlos. ¿Para qué tanta bastada? Por favor, resetéense y busquen nuevas ideas, o sencillamente no pongan voz en off, no hace falta.

Es que no hubo ni programa previo… Bueno, ya estamos en el nivel ganga. Ya ni a Igartiburu nos ponen. Tal vez por la falta de Igartiburu fue la edición más vista desde 2008. Pues sí, puede ser…

Lo primero que vemos es un video magnífico que nos presenta a Portugal y su encantadora capital, asomada al mar, con un fondo sonoro construido sobre la base de un sinfín de ruidos. Vida en la calle, multiculturalidad, fado, azulejos, arquitectura… No ha sido la sede que mejor ha tratado al Festival, pero qué maravillosa ciudad es Lisboa.

Y entramos al Altice Arena, donde nos recibe un purísimo fado en la voz de la electrizante Ana Moura, una de las actuales estrellas del género, quien se funde con Mariza, erigida en cantante de culto, emocionante y única, que probablemente hubiese ganado Eurovisión esta noche. En televisión no se aprecia ni la mitad de la fuerza y emoción de estas dos damas de la canción.

Y paso a la parada de banderas y la entrada de los artistas al escenario. Ovaciones de gala para Francia, República Checa, Israel y Chipre, y por supuesto para España que casi jugaba en casa. Se adivinaba una final muy competida y así fue. Y entran las cuatro presentadoras, que han logrado afinar y conectar con el público después de una primera semifinal en la que estuvieron flojísimas. Muy destacable la cachonda Filomena Cautela en sus conexiones desde la Green Room.

  1. UCRANIA. Los vídeos de entrada son magníficos, con cada concursante participando de pequeñas y grandes escenas cotidianas de Portugal, que invitan al turista a acercarse al país, rematado con un selfie. De entrada, el de Melovin es inquietante. Yo me lo veo aparecer por una esquina y de las carreras termino en Chirche. Un ataúd con forma de piano o viceversa lo conduce a escena, y vuelvo a plantearme lo que es este país para un chou, a ellos no les vendes dos memitos y una estrellita fugaz que cruza el stage. No, no, no… A esta gente lo que les pone es un incendio y una pantalla bien llena de cosas y un de lo último. ¿A los más talluditos no les recuerda a Tom Hadley, voz de Spandau Ballet? Clavado, oye. En la semifinal cuadró una de las mejores actuaciones del año, bien acompañado por uno de los mejores coros de la noche, pero aquí el orden de la final le hizo un flaco favor y no se entregó igual. Por no hablar de que los absurdos jurados expertos de este año lo relegaron a los puestos segundones, cuando este era un número de Top10.
  2. ESPAÑA. Cuánto se ha dicho y escrito… Los chicos no son culpables, los chicos no son culpables… Ya, hombre, ya lo sabemos. Qué pesadez con que no son culpables. Obviamente no lo son, pero esta actuación no va a ningún lado. Imagine usted que los que cantan son los polacos, pongamos, que vienen con su dulzarrona y tontuna actuación después del señor que ha llegado en el ataúd y el piano incendiado, con el coro del Baikal. ¿Usted votaría a Polonia? Con seguridad, no. Pues Polonia no los votó a ellos. Así de sencillo. Bonita y edulcorada postal en Azores a la que sigue la actuación menos preparada de la noche. Yo, como español, he experimentado el mismo nivel de bochorno y de dificultad comprensiva ante los sonidos guturales con que empieza a cantar Alfred. Total, “tan sólo” han tenido cinco ensayos para corregir lo del acento texano y no lo han hecho. Realmente tampoco lo he entendido en la mayor parte de sus frases. Luego se encoge para cantar otras partes, por no hablar del ou-ou-ou del final, que es para matarlo. ¿Nadie se percató de lo aterrador que sonaba? Menos mal que pronto aparece Amaia, que ha cantado verdaderamente bien, jugando sobre seguro con su Teresa Helbig de la temporada pasada (hubiésemos preferido que estrenase, pero el romántico vestido se veía precioso) y su conocido peinado con ondas que tanto le favorece. La canción no me gusta, letra y música parecen haber sido inventadas sobre la marcha y por la tele se me ha hecho eterna y monótona, igual de poco emocionante que me pareció en el Altice Arena. Ni un efecto de luz, ni rastro de los fuegos artificiales que curiosamente solo fallaron a España y nunca se corrigieron a pesar de que Lisboa está a unas horas en coche de cualquier ciudad española que les hubiese prestado algún petardillo de nada… Total, la actuación entera tiene aspecto de haber sido improvisada en tres minutos. El puesto 23 está incluso por encima de lo esperado (en mi porra de OGAE los puse en el 25). Qué poco nos merecemos este trato por parte de nuestra televisión pública, Señor… Y el año que viene, más OT para elegir representante. A seguir cerrando listas, pues. Eso sí, los chicos no son culpables.
  3. ESLOVENIA tiene todo lo que le ha faltado a España. ¿Es Lea mejor cantante que nuestros niños? Claro que no, pero se lo ha montado mucho mejor. Encantada de aparecer en bolas en el escenario, se dedica a divertirnos en su idioma durante tres minutos, y hasta incorpora dos frases en portugués. Basta con creer que estás buena como para estarlo, debió pensar ella, que juguetea con las cámaras, utiliza las pasarelas y puentes, avanza hacia el público… Hasta pide apagar las luces y llama a la gente a aplaudir. Incluso con esa canción tan pobretona, logra quedar merecidamente por encima de España. Como pasar a la final ya era su premio, el resto de la noche lo dedicó a bailar y sacarse fotos con todo el que quiso. Ella sí disfrutó de Eurovisión.
  4. LITUANIA. Otra memita como los nuestros, pero con otra perspectiva de vida, reconvertida en niña de la curva, Ieva la lituana saca petróleo de otra aburrida canción. Comienza igual que España, mostrando desde el fondo del inmenso stage a la cantante bien repochada en el suelo, diciendo unas cosas muy muy tristes sobre la gente a la que ha matado con sus poderes satánicos antes del exorcismo. Los efectos sobre el oscuro del escenario son muy bonitos y ayudan a la comprensión de lo que nos quiere contar y que, bueno, no guarda rencor a los difuntos. Los quiere, incluso. Aunque la canción me sigue pareciendo un soberano aburrimiento, entiendo por qué ha quedado tan bien, a la vista de los elegantes planos y lo emotivo de una puesta en escena muy bien planteada. Y al final hasta el maromazo que ha subido al puente no sólo no se precipita por él sino que encima te abraza. Bravo, niña.
  5. AUSTRIA. Es obvio que los habrá que estén más buenos que Cesar Sampson, pero no se presentó ninguno a competir. Cómo devora la cámara, cómo lucen esos pechitos de acero debajo del pijama galáctico que lleva puesto, cómo lucen esos hombros y esos brazacos… Si hasta los hay que me confiesan haberle votado por lo que se adivina que lleva entre las piernas. Y nosotros con el granjerito de Texas diciendo ou-ou-ou. ¿Hay derecho? Para que digan de las puestas en escena de las canciones lentas: Él canta subido en grande ovni repleto de leds y se baja para terminar recorriendo la pasarela en éxtasis de banderones de todos los países posibles, celebrando el trabajo de sus esculpidos glúteos. Ah, a todas estas tampoco ha fallado ni una condenada nota. Ni él ni su increíble coro góspel que nos lleva al paroxismo. Primero en el voto del jurado y brillante tercer lugar para una Austria electrizante que vive una nueva juventud de la que nos alegramos.
  6. ESTONIA. Con ese aire de diva eximia que ya conocemos, surge la operística Elina Nechayeva escalando una montaña en su video y poniendo caritas de ¡oh, cuanto me está costando! No se hubiese partido una pata en el intento… Hubiese salvado al festival de tres minutos de sopor y aburrimiento. Bien mirado, hemos tenido suerte de que la mayor parte de las canciones pedo fueron sorteadas en este primer bloque. Señoras intensas subidas en peanas… Otra más para la colección. Ignoro qué le ha visto el continente a este intento de aria, pero yo sigo sin encontrárselo. Me aburre sobremanera y no encuentro en ella más virtudes que las mismas que veo en la cualquierucha soprana de cualquier coro de pueblo de los que abundan por nuestro país. Ah, ¿Que el vestido se ilumina? Oh… Una sábana blanca con proyecciones… Sólo es la quinta que vemos en Eurovisión, nada, un detalle. ¿En concreto que es lo que debe emocionarme de la señora? Tres minutos después, nada. Y luego se quejan de si la de Chipre se parece a Beyoncé. Claro, porque ella no es la enésima imitadora de la pesada de Sarah Brightman. Bueno, ya tiene su top10 y podemos olvidarla y pasarla de largo en la playlist de este año, que es lo que llevo haciendo meses.
  7. NORUEGA. Hablando de petardos intensos, asoma la cabeza Rybak por la postalita grabada en Lisboa. Qué mal actor es y qué mal nos ha terminado cayendo. Él seguramente ya se veía ganando por segunda vez el Festival al más puro estilo Logan (otro que acabó resultándonos un engreído), y se dedicó a regalarnos su conocido repertorio de mohines y caritas como de mono tití agraciado durante semanas. Inflando carrillos, enarcando cejas… Supongo que debió verse después de la semifinal muy por debajo de sus rivales más duros, y se dedicó a ampliar su repertorio histriónico para ganar en intensidad, pero solo consigue caernos todavía peor. Qué pesadez. Es lo que tiene, el primer año compareces y nos tragamos el rollo de niño joven y mono. El segundo, préndete fuego ya, pibe. Mucho se ha hablado del baratísimo atuendo de Zara que lleva, pero aquí ha habido otras baraturas como la que llevaban puestas la letona o la azerí, y la que veremos a la finlandesa. La canción está bien. Básica sin más, como la de la estonia, pero efectiva. Él se muestra comodísimo en escena pero peca, como los españoles, de un exceso de simplicidad. Todo crece mientras pasan los minutos, él saca el violín y bien, nos gusta que haya venido, pero el Festival ha crecido desde que lo ganara en 2009, y las condiciones en que lo logró entonces no son las mismas que ahora. Le agradecemos, eso sí, que haya venido a hacernos bailar. El récord del irlandés sigue a salvo.
  8. PORTUGAL hubiese hecho mucho mejor participando con el dueto Ana Moura – Mariza y dejando en casa a Claudia Pascoal y a Isaura. Sinceramente no entendí por qué convertir escénicamente en dúo una canción claramente para una solista con cierta personalidad, como Claudia -ataviada con un batilongo negro transparente digno de todo premio Bárbara Dex-, dando ese papel protagonista tan exagerado a la letrista, aquí la amiga LeKlein -cuyo atuendo tampoco tiene nombre-, que no tiene la más mínima química con su compañerita y que carece de toda presencia escénica. Pecando de la misma búsqueda del rollo intimista que sus vecinos españoles, renuncian a profundizar en la puesta en escena, fiando a unos focos todo el efecto, y también a una canción que no da mucho más de sí que el último y merecido lugar. Un consejo para Portugal: Salvador Sobral hay uno, sólo uno. Eso de la canción lenta porque sí como sinónimo de calidad no se lo traga nadie ya. La buena noticia para todos es es que el festival les dejó 100 millones de euros en beneficios, lo que nos garantiza un esfuerzo continuado de Portugal en volver a ganar muy pronto.
  9. REINO UNIDO. Después de una pausa en la que hemos podido comprobar cuán cachonda es la eslovena y hemos oído unas escalitas de calentamiento made in Estonia, aparece nuestra pobre Surie. Cuentan que cierto cantante de Gran Canaria cuyo nombre no mencionaremos, pero al que llamaremos “el innombrable” fundía las luces de los escenarios, arruinaba los programas en los que salía y hasta provocó una masacre con sólo citar su nombre -esto último se los cuento en persona si quieren-, lo cual le hizo ganarse una justificada fama de gafe. Lo mismo le ha de pasar a la diminuta británica, a la que le falló su armatoste de leds en los ensayos previos, que tuvo que sustituir a su amiga francesa en uno de los bolos previos al festival, y que encima vivió el ataque de un espontáneo que le arrebató el micro en plena actuación el Día D a la Hora H. Yo creo que el espontáneo fue mandado por la BBC viendo que ella estaba cantando de pena su tonta tonadilla. Le vino fenomenal la interrupción, porque una vez fue reducido el Jimmy Jump de turno, la muchacha se viene arriba y termina la actuación con toda la fuerza y esplendor que le faltaba. Yo creo que ese toque fue el que evitó que quedará penúltima y la condujo al antepenúltimo lugar. El voto de la pena, se llama. Ya está la BBC buscando nuevas víctimas para el año que viene y se habla de Robbie Williams, de James Blunt… Bah, seguro que en una de estas cae el enésimo anuncio de que van las Spice Girls. En una de estas terminan presentándose, ya verán. O Sarah Brightman misma y así tenemos a la original. ¿Hay algo más que decir de Surie? Sí, reiteremos que es buena niña.
  10. SERBIA entra después de una improvisada pero divertida entrevista de Filomena en la Green Room. No se imaginan lo alta que es la gente por la extinta Yugoslavia. Tres látigos de señoras, guapísimas, inalcanzables de puro altas y con su buen ventilador, como debe ser, que dan paso un morboso calvorota de dos metros que se asoma por encima de sus cabezas. Primer momento Juego de Tronos de la noche para una actuación que hace retroceder el festival quince años, a aquellas épocas en que la baladera balcánica tenía alguna repercusión en el voto final y que hoy está absolutamente superadísima. Lo mismo podemos decir del mazao tocando los tambores y del octogenario vestido de baturro que toca un extraño instrumento, elementos todos ellos tan manidos que parecen sacados del “Love, Love, Peace, Peace” de Petra y Mans hace dos años sobre cómo crear la perfecta canción para Eurovisión. Pudieron meter por un lado a Rybak con el violín haciendo pucheritos y el conjunto ya sería de arcada continental, vamos. Lo cierto es que más o menos cantan bien su previsible canción, pero el solo pase a la final era mucho más de lo que podían soñar, y pasan directamente a engrosar el grupito mediocre de la jornada.
  11. ALEMANIA. Se barruntaba en los ensayos que les podía ir muy bien a los teutones con su moderna y efectiva balada, y el cuarto lugar obtenido es su mejor puesto desde la victoria de Lena hace ya casi una década. Como le ocurrió a Chipre, tal vez necesitaron sólo una semana más de rodaje y hubiesen dinamitado las opciones de Israel. La de Michael Schulte es una de esas actuaciones redondas, que prestigian un festival, con su voz magnífica, diáfana y afinada, capaz de conquistar a la cámara con seguridad y aplomo, pero también con una verdad que no se ensaya. Se tiene o no se tiene. ¿Qué no nos han puesto pantalla de leds? Nos da igual, nos llevamos un globo autoinflable de seis por seis metros que se hincha en treinta segundos y le montamos un video clip en antena a nuestra estrella, encima con fotos del álbum familiar de los fans. ¿Alguien se acuerda de los españoles aquellos, como quiera que se llamaran, su escenario vacío, huérfano de la anunciada estrella fugaz fallida que no llegó a salir a escena? Esto se llama calidad, y la ñoñería no es competencia.
  12. ALBANIA. Con aspecto de expresidiario malote reinsertado y de buen corazón aparece Eugent Bushpepa (ya he dicho alguna vez cuánto me gusta que se apellide así), que mantiene el tipo a pesar de salir detrás de una emotiva Alemania, y cuadra una actuación excelente. Estoy de acuerdo en que estamos ante la mejor voz del Festival 2019, un pedazo de barítono rockero, magníficamente presentado -mato por esa chaqueta-, que llega a notas imposibles sin esfuerzo alguno y crece a medida que se va desarrollando la melodía. Sorprende la de vozarrones y talento que hay en un país tan enano como Albania, donde deberían de percatarse de que les va muchísimo mejor cuando compiten en su extraño y seductor idioma, sin traducciones al inglés que sólo aportan lugares comunes roseisredvioletisblueandIloveyouandyouandyou. Si otras grandes vocalistas de la tierra como Eneda Tarifa o Lindita hubiesen respetado la estructura y el idioma original de sus canciones, hubiesen estado también en final y al borde del Top10 como, merecidamente, consigue el amigo Eugent, cuya música ya me he descargado.
  13. FRANCIA. Atravesamos una parte del Festival de altísima calidad. El título de Miss y Mister Instagram podrían dárselo a Madame Monsieur, el dúo galo, que han protagonizado una excelente campaña en redes, que sólo ha engrandecido los valores de esta pequeña joya que es Mercy, una historia de solidaridad e inmigración sobre el bebé refugiado que sobrevive a la tragedia del mar, reconocida con uno de los premios Marcel Bezançon, el que entrega la prensa. Las que sí naufragaron fueron las opciones de victoria de la delegación francesa, seguramente presa de un exceso de confianza, con una sencilla puesta en escena que sacó partido a la química evidente de la parejita pero que necesitó algún elemento más para lograr la total empatía del espectador, como sí lograron el alemán, la lituana o los italianos. La decimotercera plaza sabe a bien poco a la vista del favoritismo que habían acumulado en las semanas previas, pero permite prolongar el idilio de nuestros vecinos con Eurovisión, después de tres años consecutivos de muy acertadas participaciones. Para el recuerdo, el pabellón entero haciendo el gesto de Mercy. Eso vale más que cualquier victoria.
  14. REPÚBLICA CHECA. Saltimbanquis del imperio austrohúngaro, ¡come on! En el país centroeuropeo no deben ni creerse el resultado del atractivo Mikolas Josef, que mejora de una tacada en veinte puestos el anterior mejor resultado checo, tras aparecer en el video de presentación haciendo el pinga con un colorista vestido propio de los carnavales de esos pueblos de la más recia tradición castellana. Para que vean lo poco que nos separa de los portugueses. Con toda la colección de cabriolas y volteretas que se marca el muchacho me reafirmo en mi teoría de que esa información de que estuvo al borde de la silla de ruedas después del accidente sufrido en los primeros ensayos es un bulo sin la menor veracidad. Un poco de marketing sí que hubo… Otro que conecta con el público sólo con la mirada y su simpatía de nerd buenazo, tirantes, mochila y gafapasta, haciendo hasta el bailecito de moda. Ya he comentado que mi impresión es que este show tan de usar y tirar quedará desfasado en dos años y engrosará el grupo petardo y un poco vergonzosillo, pero hasta ese momento disfrutaremos del desenfadado movimiento de culo de Mikolas y sus bailarines, que mantienen el nivelazo de esta fase de la final. Ese pedazo de sonrisa para terminar redondea un sexto lugar, campeón.
  15. DINAMARCA se beneficia del arrastre checo y también se cuela en el Top10 como se barruntaba desde semanas antes del festival. El atractivo Rasmussen, con su barba cuidadosamente apestosa y su pinta de rockero reconvertido a amigo de los gais, se suma a la épica que medio esbozaron los serbios. Magnífica y enérgica performance, más propia de un musical de Broadway, en la que los vikingos cantan sin agresividad, sin arrugarse y sin perder un segundo de vista la cámara, lo cual contrasta con las caras de estreñimiento de otros como la portuguesa, a la que nadie advirtió que fruncir el entrecejo y cantar encogida es el peor veneno para los votantes. Dinamarca trae bien aprendida la lección en ese sentido, y hasta el bailecito de los cinco machirulos es como de función de colegio, pero con las luces, las banderas y el vestuario de nibelungos poco menos que parece que desembarcaron procedentes de uno de los siete reinos, y que de un momento a otro va a salir el trono ese de las espadas. Si hasta les nieva encima. Pese a que el número es probablemente uno de los mejores del año, los jurados pasan de los daneses como de la peste, y es el público el que viene a socorrerles como es debido. Este tipo de cosas demuestran lo poco que tienen de profesional y de entendido en música y choubisnes los jurados nacionales.
  16. AUSTRALIA. Jessica Mauboy, otra a la que no le explicaron los peligros de arrugarse e inflar los carrillos más de la cuenta durante los tres minutos de actuación. Yo no sé en qué piensan algunos después de diez días de ensayos que no te sirven para corregir todo aquello que corre el peligro de no funcionar, como ocurrió con el vestido minifaldero de brillis y la sesión de danza afrocubana de la pobre Jessi, que es una mujer encantada de estar sobre las tablas y desconoce las expresiones mesura, contención y miedo escénico. No, lo de ella es darlo todo y no guardarse ni medio centímetro. Para qué engañarnos, mi Jessi no baila bien y no tiene el mejor cuerpo de la historia, pero ella debió pensar que eso no le ha impedido desarrollar una de las carreras más potentes de los 43 concursantes, y que el público soberano que abarrotaba el pabellón enloquecía con su sola presencia. Y ahí que se lio la mujer a hacer la danza de la lluvia con su traje de gala de los años setenta, con el pelo como si le hubiese pasado por encima la tormenta tropical Delta y a punto de enseñar los bajos en más de una ocasión. ¿Escarranchada en el suelo? ¿Golpes de melena tipo Eleni? Y encima animando al público a cantar con ella, improvisando, qué va… Estuvo muy acertada en el ensayo, y en un momento dado llegamos a pensar que daría la sorpresa, pero no, el desvencije vocal del día de autos es más que evidente, y los 9 solitarios votos que le dio el público son la prueba de que en casa no gustó precisamente el rollo watusi-pigmeo mesturado con schlager y neones. Ya van dos años consecutivos en que los australianos coquetean con el desastre…
  17. FINLANDIA. Bellísimo recuerdo a la fallecida Lys Assia, primera ganadora del festival (deberían plantearse hacer un video homenaje anual como el de los Goya y los Oscar, que cada vez se nos muere más gente que no se había muerto todavía, como dice mi amiga Elena) como antesala del sonado fiasco finés. Demasiados rivales para el mismo tipo de público, que probablemente respaldó a Israel, Chipre y República Checa, y ni se acordó de Finlandia ni de Australia a la hora de dejarse los euros en un mensaje de texto. De lo más bizarro de los videos de este año, Saara Aalto jugando al golf con su aire de pija punk entaconada y con un guardapolvos de vinilo en su entradilla. Todo en esta actuación es demasiado, demasiado. Cuando no canta boca abajo, aparece como en un trono de leds, cuando no hay fuegos artificiales se lanza de lo alto de la estructura… Es demasiada información para tres minutos de tiempo, amiga, que una cosa es no aburrir al votante, y otra bien distinta provocarle una hemorragia cerebral de tanto exceso escénico. Lo que me parece intolerable es el estilismo de ella, con ese maillot negro transparente de gimnasta mala de club de rítmica de pueblo, con la más barata tira de lentejuelas cosida de cualquier manera, cuando te has dejado los millones en el armatoste ese de leds. Rematan el conjunto unas coristas cualquieruchas que maúllan como gatas moribundas y le hacen un flaquísimo favor a Saarita, mi niña, que es una solvente intérprete, pero que vocalmente va de más a menos y termina rematadamente asfixiada. Duro castigo este penúltimo lugar, pero es que la final está muy cara a estas alturas y todos estamos esperando a Israel y Chipre.
  18. BULGARIA, desde el elevador de Santa Justa, intensifica la épica que ya hemos experimentado en Serbia y Dinamarca, con otra grandísima presentación. No se puede cantar mejor y empastar de forma más acertada las voces que lo que consigue esta gente, cinco magníficos cantantes, cada uno de su padre y de su madre, que como ocurre siempre en Eurovisión con este tipo de inventos, naufraga en una decepcionante decimocuarta posición. La primera lectura que deberían hacer los búlgaros es que, si bien mejorar la cuarta y segunda posiciones de los años precedentes era una empresa casi imposible, sí se mantuvieron entre los quince primeros en una de las finales más duras de la historia… Aunque también es cierto que han protagonizado junto a Francia y, en mayor medida, Bélgica, los grandes pinchazos del año. Sorprende nuevamente que los jurados nacionales no premiasen una composición de tanta brillantez, de presentación ensayada al milímetro, que mereció el Marcel Bezançon especial de este año a la mejor letra. Si en lugar de a Zhana Bergendorff, clónica de Lady Gaga, hubiésemos tenido a la mismísima Stefani Germanotta cantando Bones, suyo hubiese sido el primer lugar. Da igual, en el Juego de Tronos del Altice Arena nuestra Zhana se ha comportado como una auténtica khaleesi, y las cuatro voces masculinas han tronado poderosas. Injusticia.
  19. MOLDAVIA. Imagino a Filip Kirkorov, que a pesar de esos litros de silicona y botox que lleva en la cara es bastante más joven de lo que parece, al borde del llanto, berreando por los pasillos de la tele pública rusa, al enterarse de que los prebostes del ente no daban marcha atrás en su decisión de llevar a Yulia Samoylova a Lisboa, tras el boicot del año anterior. “¡¡Pero si no canta, bala como las ovejas!!”, aullaría… Una afrenta demasiado bochornosa al artífice de varias de las mejores clasificaciones y más ingeniosas puestas en escena de la Madre Rusia desde su primera participación en el Festival (con el propio Kirkorov, por cierto). Tal vez por eso ofrecería sus servicios a la vecina delegación de Moldavia, de cuya tontarrona cancioncita logró sacar petróleo gracias a una performance curradísima, que muchos despachan diciendo que parece sacada de un show de José Luis Moreno, pero que conlleva semanas de ensayo hasta su perfecta sincronización, por no hablar del ingenioso mecanismo de las puertas que se abren y se cierran a voluntad. Mientras, los DoReDos no desaprovecharon la oportunidad. Cantaron y bailaron de maravilla, y dieron una imagen magnífica en cámara, lo cual fue premiado con un nada despreciable octavo lugar en el voto del público, que Filipp recibió hinchado como una pava en pleno centro del sofá de la delegación, con una sonrisa de oreja a oreja, embutido como estaba en su brillorosa chaqueta de flores y sus ajustados jeans blancos, mientras la desdichada Yulia ahí seguía abandonada encima de la ridícula montaña de corcho blanco cual Copo de Nieve, la cabritilla de Heidi, balando lastimera su temprana eliminación. El año que viene debemos temer la venganza rusa.
  20. SUECIA. Dos de los shows más currados uno detrás del otro. Para guapo y simpático con ganas el bueno de Benjamin, cuya valoración fue de las más desequilibradas de la noche. Total favoritísimo de los jurados hacia su propuesta artística, pero cruelmente despreciado por la audiencia, que le fue esquiva a la niña mimada Suecia en esta ocasión. Yo no soy especialmente prosueco (en lo musical, en otras cosas lo soy y mucho…) pero reconozco que nadie como ellos mima su participación en el Festival, con respeto a la audiencia y con despliegue de medios e imaginación. ¿Qué sorpresas necesitamos? Ninguna. Nos basta con repetir lo ya hecho en el Melodi, donde ya encantó el juego de falsos neones al servicio de un tema que rinde descaradísimo homenaje a la década de los noventa con un toque de los ochenta, pero que puede perfectamente empatizar con el tiempo actual. Visto en el conjunto de la final creo que no estaba para ocupar el segundo lugar del jurado, pero tampoco para los últimos puestos en el voto popular, que esta vez no cayó en el jueguecito nórdico porque vio más de lo mismo en el enésimo guapito de perfecto flequillo rubio y sonrisa de esas que enseñan 28 dientes blanquísimos. Es curioso que haya quien diga que Suecia tiene que reinventarse… Ya quisiera el eurofán español más básico que un resultado preocupante fuese el séptimo lugar.
  21. HUNGRÍA intensifica el nivelazo con un trepidante espectáculo rockero a base de fuego, luces y hasta una mascletá final. Al contrario que ocurre con las previsibles Suecia o Dinamarca, que raramente se permiten un pelo fuera de sitio por muy desaliñado y falto de una mascarilla capilar que parezca, siempre dentro de lo soft y lo cuadriculadamente correcto y nórdico, en los húngaros se agradece la capacidad de reinventarse año tras año. A una Janis Joplin de voz rota le sucede un grupo indie, cuando no una diva de ventilador y al año siguiente un número folk. Este año los AWS han inaugurado el metal después de más de seis décadas de Eurovisión. Y en su idioma. Nada que ver con las bandas turcas o finlandesas de años anteriores, no, esto es verdadero guitarreo, incluso por encima de Lordi, que suavizaron y mucho su estilo habitual para ganar el festival, a costa de renunciar a la verdadera identidad del heavy. A destacar la potencia del solista y el impagable momento del guitarra manteado por el público. Las buenas críticas cosechadas en la semifinal no hacían presagiar que Hungría se diluiría en el marcador final. Demasiado strong para la conservadora audiencia de sábado por la noche, que suele premiar a malotes reinsertados como el albanés o directamente amanerados como los daneses.
  22. ISRAEL. Y llegó la gran favorita. Netta, esa amiguita talentosa de físico poco agraciado y dudoso gusto al vestir que todos hemos tenido alguna vez, y que seguramente se llame algo así como Marisol Vega Ramírez. Mis amigos la appodaban con crueldad “la kíkara”, aludiendo al nombre que se da en Canarias a esas gallinas chiquititas y medio calvas que cacarean todo el rato y ponen los huevos, alocadas, en cualquier lado del corral. Mucha chufla, pero ganó y con autoridad. Tú no me querías creer, querid@ amig@ eurofán, cuando te dije allá por el mes de febrero que, viendo el aburrido panorama que pintaban las canciones que se iban presentando, iba a terminar ganando la más petarda de todas. Ay ese “efecto Rock Me”, inaugurado tras la victoria de Yugoslavia en 1989 entre prácticamente una veintena de empalagosas baladas de una supuesta mayor calidad. Los israelíes no fueron los únicos que adivinaron que tal cosa podía pasar, pero sí supieron montárselo mejor, esperando a los últimos días para presentar su animosa y divertida Toy, cargada de efectos especiales, onomatopeyas y hasta con mensaje de autosuperación en pleno año del empoderamiento de la mujer, y con el asqueroso bullying que sufrió la cantante en su niñez como bandera. Aunque sembró las dudas en los ensayos, tanto en su semifinal como en la final todo fue rodado -incluso cuando bajó de culo las escaleras el martes 8- y logró conjurar el incipiente favoritismo de Chipre a base de más y más locura de ella y de sus coristas, agudos imposibles y un repertorio de cloquidos y cacareos que han avergonzado a puristas como el crítico musical de El País y muchos otros que han advertido de la muerte del Festival, tachado de montaña de basura porque no ha ganado Salvador Sobral 2.0. Ellos sí que son como kíkaras, graznando en el desierto, sin entender que Eurovisión es otra cosa, y aquí gana la que resalta, la que tiene una historia que contar. ¿Acaso alguien pensaba, dejando a un lado a RTVE, que iba a ganar otra canción como Amar Pelos Dois?
  23. PAÍSES BAJOS. Me da pena de Waylon, arrasado por el huracán Netta, y sin opción alguna para la pureza y simplicidad de su propuesta. Como en el caso austríaco, el búlgaro y, en menor medida, con los belgas, Tulipandia sigue viviendo su reconociliación con Eurovisión después de décadas aciagas, fiel a su presencia en la final. Todo pasa por no intentar locuritas y currarte un poco lo que muestras a la audiencia. Este año y los dos anteriores me da la impresión de que han ido a asegurar, con canciones e intérpretes que rezuman calidad, pero apuestas musicales conservadoras que no responden ni mucho menos a las necesidades del espectador medio actual. Se quedan en correctas y punto, lo justo para pasar. Eurovisión necesita pasearse por Ámsterdam cuanto antes, pero con este nivel de participaciónes doñas nadie no van a ninguna parte.
  24. IRLANDA. Misma corrección y misma nada en la participación de este año de Irlanda, probablemente el país junto con Malta que peor me cae en Eurovisión. A este tipo de canciones que pretenden ser tan políticamente correctas me refiero cuando hablo de la ingenuidad de suponer que una canción romanticona tiene alguna opción después de lo del año pasado. Cierto es que la ejecución de Ryan O’Comosellame fue excelente, y supo contarnos una historia bonita en tres minutos sin más pretensiones, con la ayuda solo de unos bailarines y cuatro elementos de atrezzo, pero la canción no daba para más y si Serbia nos hacía retroceder quince años, lo de Irlanda llega dos décadas tarde. Sólo falta que aparezca Bebi Doll por ahí con la minifalda y el nido de pájaros en la cabeza. En el reivindicativo festival 2018 con letras sobre la emigración, la guerra, la mujer, los mayores, la familia, los abusones y hasta lo cara que está la cesta de la compra, la cuota gay llegó de la otras veces ultraconservadora Irlanda, aunque convenientemente matizada para no dejarse ver más de lo estrictamente necesario. Aún así China y Rusia censuraron la emisión de dos hombres dándose la mano por incitación a la gozosa coyunda entre señores. Sí, porque la Kirkorov es un ejemplo de camionero de Vladivostok… Yo es que prefiero a la Irlanda más gamberra e irreverente, la de los Jedward o las Sheeba, por ejemplo.
  25. CHIPRE ha logrado rozar lo imposible. Diez días le han bastado a la increíble Eleni Foureira para borrar del mapa a golpe de melena y caderas el sexto puesto que cosechó mi alter ego Anna Vissi en 1982, que tras casi cuarenta años sólo había sido igualado en los festivales de 1997 y 2004. Los chipriotas acertaron al esconder sus cartas hasta el momento adecuado. Ella, un animal escénico de pequeña talla pero incalculable valor, fue la guerrera aguerrida que demandaba este Juego de Tronos, pero tal vez necesitó de una semana más para consolidar el éxito de su canción en los charts y plataformas de descarga de media Europa, e infligir una dolorosa derrota a Israel. Marcó tanto estilo que, de la noche al día, osadas como la eslovena o la australiana se pasaron al golpe de meleni-Eleni al más puro estilo Carmina. Copiar es malo, amigas. Los medios de comunicación españoles, encantados de la vida con el guarronismo de la muchacha, ya empezaron a interesarse por su buenote novio hispano, a convertir en un racismo gravísimo su condición de Albanesa -una afirmación de la misma falsedad que las aventuras del guerrero del antifaz-, y sobre todo a elucubrar sobre lo que hubiese pasado con una hipotética participación de “Lo Malo”. ¿Qué hubiese pasado? Obviamente, nada, queridos. Esto es España, hubiésemos improvisado una coreografía básica tipo Poti con los más baratos vaqueros by Amancio y a chupar puesto 24… Nada de maillots cuajados de piedras y canutillos. Ya en la votación, la muchacha estuvo a punto del colapso nervioso, con ataques de cangurosis y un nivel de histeria que le llevaba a confundir, patetiquilla, el rezo del padrenuestro con las manitas con forma de corazón… Pobrita. Otro patinazo del voto supuestamente experto relegar al quinto lugar a una actuación que destila profesionalidad, talento y estilo, tanto o más que una soprano subida en una peana, y nos ratifica en el error de suponer que lentitud, balada, ópera o romanticismo es sinónimo de calidad, cuando las más veces es sinónimo de coñazo. Eleni volverá, como volvió Paparizou, y lo hará para ganar.
  26. ITALIA cierra una final que terminó por todo lo alto. Bien puedan poner una estatua de la Foureira en todas las plazas de cada pueblo del Veneto a la Puglia, porque el efecto arrastre de Chipre fue tan brutal que terminó llevando en volandas a Italia. Sólo así se explica que esta canción que había pasado totalmente inadvertida hasta ese momento, se colase en el cuadro de honor. Se explica solo en parte, porque el resto lo hizo una interpretación impecable del dueto ítalo, acompañada por unos gráficos acertadísimos con mensajes antibelicistas y necesaria solidaridad con las víctimas de atentados, que suelen encajar muy bien en el perfil de votante que sigue Eurovisión. Esta nueva Italia es tremenda: Hasta cuando no parecen no querer quedar bien terminan en el Top5.

Siguió una actuación de lujo a cargo del señor Caetano Veloso, llegado de la mano del anfitrión, Salvador Sobral, que seguramente querrá desmarcarse del Festival de Eurovisión después de haber hecho declaraciones más que desafortunadas durante toda la semana para el certamen que le llevó a la fama. Tan brillante en su arte como lamentable en sus declaraciones. Él sabrá.

Votación de infarto para terminar. La más compensada de las aspirantes al trono, Netta Barzilai, hizo buenos los pronósticos y se hizo con el micrófono de cristal, otorgando a Israel su cuarta corona, ya solo superada en el palmarés por Irlanda, Suecia, Reino Unido, Francia y Luxemburgo. Para la historia quedará el lacónico “congratulations” de Sobral, que entregó el trofeo y se esfumó sin hacer ruido.

Qué ironía… El país que más conflicto de forma directa o indirecta está dando en esta década en la caduca Europa, Israel, es el que recibe el voto masivo del público, encantados como estamos de respaldar con nuestro voto un instrumento de propaganda más en manos del amigo Netanyahu, tan necesitado de bombo internacional después de décadas de ostracismo norteamericano.

El segundo lugar en las preferencias del pópulo es para una albanesa residente en Grecia que se presenta por una isla diminuta invadida parcialmente por Turquía en medio del Mediterráneo, y el tercero para Italia, que viene a ser para el continente más o menos lo que España. Ni rastro en los tres primeros puestos del televoto de Portugal, Bulgaria, Moldavia y Bélgica, favoritos del público en 2017, ni de Rusia, Ucrania, Polonia y Australia, que dominaron en 2016.

¿Nos tienen manía? No, nosotros no nos hacemos querer. Que España repiense su modelo y la forma en que se presenta ante la fiesta europea de la música. No puede ser que un año tras otro fracasemos sin remedio mientras la televisión pública de una república radicada en una isla más pequeña que Navarra llega al segundo lugar y obtiene diez veces más puntos que nosotros.

Navarra. De allí provino el nuevo talento de la música española, salido de la factoría de Operación Triunfo a la que no hemos sabido vender. Una cantante extraordinaria, sensible y con gancho a la que hemos condenado a ser parte de un dueto que jamás tuvo opción alguna de pasar del puesto veinte. Eurovisión pudo ser su pasaporte al éxito internacional, pero no ha sido así.

Cincuenta años después de la victoria de Massiel, relegada al silencio en la efeméride de su éxito, cinco generaciones de españoles ya sabemos lo que es ganar el Mundial de Fútbol y el premio Óscar. Seguimos sin sentir el orgullo de ganar Eurovisión. El orgullo de ser muy españoles y mucho españoles. Pero de eso les hablaré otra semana.

La Columna de Alber-Vissión

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