LA COLUMNA DE ALBER-VISSIÓN: «LLÁMAME HATER»

Cuando retomas una columna sobre Eurovisión que dejaste abandonada desde hace casi año y medio es interesante plantearte qué ha sucedido en este periodo. Por qué no dedicar tiempo gustosamente a dos de tus pasiones, escribir y Eurovisión. Primera cuestión: Lo mismo una pandemia se ha llevado por delante un año de tu vida y ha hecho que todo lo que antes te interesaba ahora pase a segundo plano. Segunda cosa: Sencillamente hay menos tiempo porque tienes un nuevo trabajo y cuestiones personales importantes que te tienen ocupado. Podría ser una mezcla de las dos cosas, sí, pero hay una tercera: Me cansé de que me llamaran hater.

¿Quién me llama así? Supongo que todo aquel que se siente ofendido y herido por mi forma de contar mi estricta opinión sobre Eurovisión y lo que le rodea. Antes de que me llames hater por lo que vas a leer, quiero informarte de una cosa: Me gusta que las cosas me gusten. Disfruto de una caminata por el monte. Mi mayor gozo es acostarme al sol en la playa. Me chifla una cerveza fresquita con amigos. Te lo ruego: No me llames hater a la ligera porque te diga que el pasado sábado RTVE arrastró nuevamente por el fango a los eurofans españoles y al Festival de Eurovisión.

Llámame hater, pero recuerda que la televisión, los medios de comunicación en general, obedecen a una simple cuestión de oferta y demanda. Por lo que no soy yo el que odia: Apenas un ínfimo 6% de los espectadores decidió pasar dos horas de su vida un sábado por la noche eligiendo la canción de Blas Cantó. Ni un millón de personas en esta Españita con más de 47 millones de potenciales espectadores semiconfinados, metidos casi a la fuerza en sus casas. Tenemos que remontarnos a 2009 para encontrar un dato tan malo. Aquí no aprendemos: El mismo día, 1,1 millones de finlandeses apoyaban la elección de sus representantes. Nada mal para un país de 5,5 millones de habitantes.

Será quizás porque la propuesta previa en sí era poco llamativa, o porque hace más de cincuenta años que nuestra televisión pública ganó por última vez, o porque no había quien aguantara cinco minutos sin darle al botón del mando. No hablemos de cómo la TV noruega celebraba una final apoteósica tras un proceso que les llevó siete semanas, o la tercera semifinal del proceso sueco… ¿Se acuerdan cuando RTVE mandó un equipo al Melodifestivalen? Muchas ideas yo creo que no cogieron, porque lo visto en los estudios de Prado del Rey no tendría cabida jamás en una preselección nórdica.

¿Hater yo? Perdón. ¿Ustedes se imaginan a Charlotte Perrelli en una gala como la de anoche? Me explico: Cantadas las dos canciones en menos de veinte minutos y expresada la preferencia de artista y audiencia por una canción, la gala está resuelta. Ahora unos videos con los típicos tops de todos los años. Ahora recordamos tu paso por Eurojunior. Ahora saldrán tus cuatro amigas de Eurojunior a decir lo bueno que eres y a cantarte algo. Ahora recordamos tu paso por Veo Veo. Ahora una conexión con Beatriz Luengo en una especie de cuarto de baño desde Miami. Ahora recordamos Eurojunior. Ahora Roi con un modelito tipo Príncipe de Becquelar y Cepeda haciendo algo parecido a un baile, en plan aquellas galas de OT cuando cantaban juntos Juan Camus, Álex y Bustamante porque todavía había muchos concursantes sin expulsar. Ahora recordamos Veo Veo. Ahora sentamos a Nía vestida de la gala de Elección de la Reina de Arafo en una butaca como si fuera la giganta de Big Fish al lado de un diminuto Blas. Ahora otro poco de Eurojunior. Ahora Edurne cantando en español pese a llevar viviendo media vida en Londres. Ahora más Veo Veo. Ahora la amiga a la que conociste hace veinte años. Ahora Eurojunior otra vez. Ahora Yolanda Ramos visiblemente perjudicada. Ahora volvemos a Veo Veo. Ahora un poco de Pastora Soler, reconvertida en la Massiel y la Betty Missiego de las galas del Siglo XXI. Cerramos con un final sin emoción alguna y hasta se escucha un “¿Hemos acabao?”.

No. Por mucho que diga Julia Varela, no me veo a la tele sueca construyéndole un programa así a Charlotte Perrelli. Eso solo pasa en nuestra tierra. Y venga con el “sé tú mismo”, qué pesadilla de moda se ha implantado con el consejito de marras… ¿Quién quieren que sea, Polina Gagarina? A Charlotte le dirían “vardigsjälv”.

Será que soy hater, pero sigue sorprendiéndome que un país con la producción musical de España, con la cantidad de músicos, intérpretes y autores muertos del aburrimiento (y algo más) que nos ha dejado la pandemia, sea incapaz de movilizar una selección digna que nos permita escoger entre veinte temas organizados en dos fases y una gran final. Parece mentira que esta gente que lleva décadas dando soporte técnico a todos los eventos imaginables, cosas gordísimas como un sorteo de lotería o la Vuelta Ciclista, siga pecando de los mismos errores cuando se trata de un par de horas de directo. Artistas que no se escuchan, petacas que se caen, entradas a destiempo, retornos colgando, fallos de guion… ¿Presentadores con cartulinitas para leer a estas alturas de la película? ¿Butacas de piel rollo corrillo de María Teresa Campos año 1996? ¿En serio? Si hasta se “equivocaron” con el rótulo de los teléfonos para votar. ¿Fue un error?

Yo sé que no estamos para pedir el Wizink Center como sede, pero hombre… El mismo Tony Aguilar está metido en el pack, un señor que sabe bien los shows que, incluso en estos tiempos, se montan en los MTV Awards y los Grammy. El sábado nos ofrecieron como un gran logro a Blas Cantó solito como la una en aquel escenario. Bueno, tan solo no, que había una gente aguantando unos obeliscos, y el técnico de sonido y la sombra de los focos…

Moraleja: RTVE no sabe entretener.

Me gusta Blas Cantó. Desde las épocas de Auryn o, más recientemente, en Tu cara me suena, ya demostró su nivel como artista, su versatilidad y una profesionalidad sin tacha. Además, se le ve muy buen niño y le pone unas ganas tremendas que también percibimos en Pastora, Ruth o Barei y que agradecemos como eurofans. Por lo que sus amigos le decían el sábado, supongo que la experiencia tiene que estar siendo un calvario a estas alturas, fatigado con tantos acosadores que le cuestionan hasta el último pelo del tupé y, supongo, harto de tener que conducir una patineta de segunda mano, cuando podría pilotar un deportivo último modelo.

Me quedo con la acertada elección de “Voy A Quedarme”, una canción que nos traslada el más hermoso de los mensajes en estos tiempos tan difíciles, que a Blas le nace del corazón, le convence y le emociona. Cuenta algo suyo y se percibe. Ojalá le acompañe una buena puesta en escena, centrada en esos ojos tan bonitos empañados por las lágrimas, la mayor verdad que pudimos ver el pasado sábado.

Si crees que no merecemos algo más de nuestra televisión pública, o que no lo merece el MAGNÍFICO REPRESENTANTE que tenemos, adelante, llámame hater.

*Todas las afirmaciones e ideas expresadas en este artículo de opinión pertenecen única y exclusivamente a su autor, y son totalmente ajenas a la Asociación OGAE Spain.

Puedes leer antiguas entregas de «La Columna de Alber-Vissión» en el siguiente enlace.

1 Comentario

  1. Mjramos82 dice:

    Tres palabras: toda la razón

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