¡Y PASÓ EUROVISIÓN 2017! TE LO CONTAMOS TODO EN MENOS DE LO QUE CANTA UN GALLO

Kiev nos recibía cálidamente hace poco más de una semana sin que aún supiéramos todo lo que nos íbamos a traer de vuelta. Entre los españoles había muchos sentimientos encontrados. Por un lado, la ilusión de estar pisando un nuevo país para vivir un año más la pasión eurovisiva y, por otro, el descontento generalizado por todo lo que arrastrábamos de casa. La polémica preselección de TVE, donde salió vencedor Manel Navarro en muy extrañas circunstancias, lo cuál desencadenaría una serie de acontecimientos incómodos para todos los que amamos Eurovisión y eso que lo peor aún estaba por llegar para el propio Manel justo en la gala final…

Como todo el mundo sabe, OGAE España no tuvo acceso al centro de prensa este año en Kiev. Debido a la denuncia interpuesta por la falta de transparencia en la preselección española y debido a que este club jamás se calló una injusticia presenciada en nuestras narices, un robo, una manipulación descarada a la cual nunca dimos nuestra aprobación, RTVE decidió denegarnos el derecho a informar. Por primera vez en años, nuestra asociación, la asociación oficial de eurofans en España no estaría presente en ruedas de prensa, ensayos y demás. De igual forma, tanto los redactores que nos desplazamos a Kiev como los que se quedaron en España, no dejamos en ningún momento de informar de todo lo que acontecía con respecto al Festival.

RTVE también se negó a facilitar este año ningún encuentro con el representante español. Manel Navarro no tuvo encuentro con fans y canceló a última hora (por orden del ente público también) y sin avisar un acto en el Eurocafé al que supuestamente iba a acudir para promocionar su canción. Todavía no sabemos si el temor de la delegación española era que los eurofans pudieran hacer manifiesto su descontento descomunal por la sospechosa elección de este año o, directamente, que ni se presentaran a saludar al artista y hacer una convocatoria de medios para quedar en la más indignante evidencia.

De cualquier manera, dejando a un lado las siempre torpes gestiones de nuestra insalvable televisión pública, el Festival transcurría de la mejor forma. El ente ucraniano NTU logró salir airoso en un Festival cuyas galas fueron entretenidas y amenas, haciendo guiños en cada una de ellas a su propia cultura y folclore en sus infinitos propósitos de halagar a un público europeo, de sentirse más europeizados que nunca y de mimetizar lo suyo con lo de todos en un Festival donde brillara, por sobre todas las cosas, la diversidad.

La primera semifinal contó con momentos brillantes como la sensualísima actuación del sueco Robin Bengtsson, la arrolladora interpretación de la georgiana Tamara Gachechilazde, la delicada propuesta de los fineses Norma John (que dieron una gran sorpresa al no clasificarse para la final), la controvertida puesta en escena de la azerí Dihaj o el revuelo de emociones del portugués Salvador Sobral.

También la segunda semifinal estuvo cargada de actuaciones sobresalientes, donde cabe destacar al carismático cantante austriaco Nathan Trent, la emotiva Claudia Faniello por Malta, el divertido dueto rumano y su “Yodel It”, el croata con doble voz Jacques Houdek, que empezó a subir en apuestas como la espuma desde su primera intervención, o los románticos estonios y su “Verona”, eurodrama de la noche al no conseguir el pase a la final que prácticamente todos los eurofans habían dado por hecho. Y, si hubo alguien más que tuviera una noche sorprendente, pero para bien, ésa fue la macedonia Jana Burceska, a la cual su novio le pidió matrimonio delante de toda Europa y de la manera más inesperada, algo que provocó los aplausos de todos los presentes en el estadio y que en España no se pudo ver porque TVE retransmite el Festival como le va dando la gana.

Tras las semifinales llegaba el gran día, la noche esperada por todos los eurofans, la noche que te pasas todo el año esperando, imaginando, soñando… ¡Y que se pasa en un segundo! 26 actuaciones que dejaron el listón y el nombre de Eurovisión bien alto (unas más que otras, por supuesto) en una edición que, además ha callado bocas por doquier. A los entendidos, a los “intelectuales”, a los “haters”, a los modernos, a los apostantes, a la prensa amarillista anti-Eurovisión, a la prensa eurovisiva española justificadora de lo injustificable, a los propios eurofans…

Italia, favoritísima absoluta todos estos meses, presentaba a un Francesco Gabbani solvente, enérgico y saleroso con su “Occidentali´s Karma” que ya prácticamente era un fenómeno social. Buscando el número 1 se quedó en el 6. Quizás la puesta en escena no fue de lo más acertada y restó a la actuación más que sumarle. Quizás también se dieron por hecho muchas cosas que no sirven si hablamos de Eurovisión. Las apuestas no son más que una toma de pulso pero no es nada definitivo.

Muy cerquita del favorito indiscutible, actuaba Portugal. Quien decidiera el orden de actuaciones los puso casi juntos, para que se mataran y ganara el que pudiese más. Portugal, en voz de Salvador Sobral con “Amar Pelos Dois”, entregaba sentimiento puro, sobriedad, un toque de locura y bohemia y mucha música. Mucho de lo que un Festival como éste necesita y a veces ha echado en falta. Sobral se ganó el respeto del jurado internacional y a la audiencia entera, tantos a los eurofans como a los que no dan un duro nunca por este certamen. Nunca un artista ha puesto tan de acuerdo a público y jurado. En una votación trepidante donde todos temíamos que el cantante búlgaro Kristian Kostov (otro grande de esta edición y único capaz de plantar cara al portugués en cuanto a votos) le arrebatase el triunfo a Salvador. Portugal ganó airosamente en su idioma, con una canción sin efectos, sin puesta en escena y, lo más importante y a lo que siempre recurren los “intelectuales” que tienen la verdad absoluta sobre el Festival porque ellos lo dicen sin haberlo visto nunca: SIN VECINOS. Lo cual rompe todos los tópicos habidos y por haber. Cualquier país puede ganar Eurovisión siempre que trabaje una propuesta bien hecha.

España, mientras tanto, era la otra cara de la moneda. El catalán Manel Navarro ocupaba la última plaza con 5 puntos de televoto y un 0 del jurado internacional. Su “Do It For Your Lover”, gallo incluido (la guinda del pastel por si faltaban cosas que echarle en cara) y su puesta en escena incomprensiblemente patética, obtuvieron la peor clasificación para nuestro país desde 1999, donde Lydia quedó última con un punto cantando aquello de “No Quiero Escuchar”. Las reacciones de sus mentores, los que nos querían vender que Manel era la solución a todos nuestros males eurovisivos, no se hicieron esperar.

De esta forma, la cadena pública y el locutor de Los 40 que trucaron una gala para llevar a Eurovisión a Manel Navarro por intereses privados, en contra de la decisión de la audiencia, daban la espalda y dejaban vendido al propio Manel una vez más, como en aquella rueda de prensa al día después de la polémica preselección. En esta ocasión, como siempre, RTVE no se trabajó la representación de España. No eligió a un cantante con tablas para defender a nuestro país en el certamen más importante del mundo, no tuvo en cuenta que esto es un festival de canciones y, para echar balones fuera, ya que esta vez no podían ir de víctima con el rollo que sueltan siempre de los vecinismos porque da la casualidad de que ha ganado un país que de vecinos sólo nos tiene a nosotros, decidieron inmolar al propio Manel. Así es TVE. Lo mismo endiosan al primero que pasa por su puerta que le sacan las tripas después con tal de salvar su culo y que nadie pierda su sillón y su comodidad. Por no hacer, ni siquiera emitieron un previo o un debate posterior al festival en TVE como suelen hacer cada año. Este año nadie quería dar la cara…

Desde esta web, simplemente decir que seguiremos al mando de la información de forma imparcial, acusando siempre la ilegalidad y apoyando siempre el trabajo serio. Deseamos de corazón que, si TVE siente el mínimo respeto por el sector eurofan y les queda algo de dignidad, se ponga a trabajar de inmediato en una candidatura coherente o un sistema de preselección donde prime la calidad y la democracia. Tenemos ganas de vivir lo que Portugal ha experimentado este año. Por suerte, hay países que sí saben que Eurovisión es una ventana al mundo desde la diversidad, el arte, la música y el espectáculo. El certamen de la canción más longevo, importante, exitoso y popular del mundo.

Dejamos atrás Kiev 2017 con todas las luces y sombras encontradas por el camino, con la satisfacción de un Festival grandioso y unas vivencias inolvidables, y nos ponemos a trabajar ya de cara a Lisboa 2018. Esta redacción se siente orgullosa de su propio equipo, capitaneado de forma intachable por José Juan Santana y con el orgullo de ser uno de los clubes más numerosos de Europa.  Gracias a todos los que, de un modo u otro, formamos parte de la familia OGAE ESPAÑA. ¡Feliz año nuevo eurovisivo a todos!

 

Félix del Valle

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