LA COLUMNA DE ALBER-VISSIÓN: “UN CORAZÓN QUE AME POR LOS DOS, A PROPÓSITO DEL XII CONGRESO DE OGAE (II)”

Hoy me apetecía seguir donde lo dejamos hace quince días y comentar con ustedes algún detalle del XII Congreso de OGAE, que lo tenemos prácticamente en puertas, pero creo que es justo que comencemos hablando un poco de corazón. Del corazón de Salvador Sobral.

Publicaba esta semana en mi Facebook personal una reflexión, la primera que hago desde que se conoce (más o menos) la noticia del empeoramiento del estado de salud del ganador de Eurovisión 2017, porque la realidad es que no paro de pensar en él y en la enorme emoción que me hizo sentir en mi primer e inolvidable Festival…

Las informaciones siguen siendo confusas y, si se fijan, realmente no hay confirmación alguna de fuentes oficiales, pero sí parece que está estable y el primero en la lista de espera para recibir un trasplante. Hasta para eso es discreto el frágil coloso. El deseo que expresaba en mis redes sociales es el mismo que comparto contigo hoy, querid@ amig@ eurofán: Ojalá termine pronto el sufrimiento y podamos celebrar que un nuevo corazón late en tu pecho, Salvador.

¿Queda mal si recuerdo la importancia de ser donante de órganos y de sangre? No, no queda mal. La donación activa un verdadero milagro de la sanidad y la técnica, partiendo del que es el mayor acto de amor que se puede realizar. A fin de cuentas no nos va a costar nada…

Comentaba Juanma, uno de mis compis, que debemos muchísimo a Salvador. Nos sobran las razones, pero él las resumía así: Por haber ganado con algo muy diferente y dar una sensación renovada. Por ser un tema nada comercial ni ostentoso. Por cantar en su idioma y derrumbar la creencia de que un país casi sin vecinos no puede ganar. Por romper el muro de Portugal, el maltratado. Por dejar en ridículo a España y a los que justificaban que no podemos ganar.

Engancho así con el congreso de OGAE del próximo fin de semana y les hablo de cuatro invitadas que demuestran que querer es poder, pero se puede mucho más cuando se trabaja: la búlgara Poli Genova, las austríacas Zoë y Getty Kaspers, solista del grupo Teach-In, junto a la asturiana Jenny, representante de Andorra en 2006.

Si este año Portugal ha roto con esas normas no escritas respecto al idioma y a los países capaces o no de ganar, Teach-In hizo lo propio en el año 1975, dando su último triunfo hasta la fecha a los Países Bajos, uno de los más inapelables que se recuerdan, nada menos que frente a los Shadows, la enésima réplica de los Beatles que parió el Reino Unido.

Se estrenaba el sistema de puntuación vigente, y vencía el país que iniciaba la competición, rompiendo el mito de que era imposible ganar abriendo el Festival. Lo lograron al contagioso ritmo de “Ding-a-dong”, superventas en toda Europa y un clásico de Eurovisión. Brotherhood of Man repetiría la hazaña al año siguiente en La Haya, gracias a “Save your kisses for me”, todavía con mayor margen sobre sus rivales y con un arrollador éxito mundial. Más de seis millones de ejemplares, récord intocable para una canción eurovisiva.

Después de una racha nefasta, con quince años de verdadera sequía, los Países Bajos vuelven a ser un rival a tener en cuenta en Eurovisión. Después del cuarto lugar de Edisilia con “Hemel En Aarde” y el noveno de Marlayne y su “One good reason”, a finales del pasado siglo, encajaron catorce años de decepciones, ocho de ellos fuera incluso de la gran final.

El noveno lugar de la fascinante Anouk en 2013 supuso un punto de inflexión para la tierra de los tulipanes, que incluso han cosechado un subcampeonato. ¿Cuál es el secreto? Tal vez cantantes con buen directo y abogar por sonidos mucho más actuales, cercanos al gusto del espectador medio. De seguir así, la ansiada quinta corona podría llegarles cualquier día.

En la misma línea ascendente se encuentra Austria, país del que nos llegará la adorable Zoë, una de las favoritas de los eurofans que convivieron con ella en Estocolmo en 2016. ¿Qué pudo pasar para que “Loin d’ici”, la única canción interpretada en un idioma que no es el inglés, escalase hasta el puesto 13, nada menos que con 151 puntos, y representando a un país con tan malas prestaciones en las últimas décadas?

Gran parte del trabajo lo hizo Conchita Wurst dos años atrás con su “Rise like a Phoenix”. Una concursante llamativa, de incuestionable voz y presencia escénica, un temazo en toda regla, los mejores efectos visuales… Qué fácil parece, ¿no? Organizaron luego un festival bastante aparente en Viena, en el que no tuvieron mucha suerte como anfitriones, pero sí dieron una imagen inmejorable a toda Europa y añadieron una segunda victoria a su casillero que llevaba resistiéndose casi medio siglo. Ahora es España el país ganador que más años acumula desde su último triunfo.

Austria volvía a colocarse en los puestos de salida, y han dado nuevamente con la tecla no sólo con la canción y la presentación de Zoë, de cuyo encanto personal no hay ni que hablar, sino con Nathan Trent, que terminó este año en un aceptable puesto 16 (y eso que el público le premió con un sonoro cero). ¿Meritorio el puesto 16? Mucho, o si no les puedo recordar los lugares por los que transitamos nosotros últimamente…

Y entre los indudables platos fuertes del Congreso, lo cual es mucho decir teniendo en cuenta las artistas de las que hemos hablado, o la participación de Christer Björkman, alma mater del Melodifestivalen, tendremos nada menos que a una de las cantantes más carismáticas que han pisado el escenario continental este siglo, la búlgara Poli Genova.

Al igual que con Austria y los Países Bajos, será la primera vez que un participante de Bulgaria nos visite en once años de congresos. En 2016, cuando se anunció que concursaría por segunda vez en Eurovisión, muchos recordamos su discreto resultado del año 2011, con el tema “Na inat”, que se quedó a apenas seis puntos del pase a la final.

Para ella fue un despertar, puesto que se vio aupada al estatus de estrella en su país. Ejerció de maestra de ceremonias con gran soltura y simpatía en la versión junior de Eurovisión en 2015, celebrada en Sofía. Sobradamente conocido es que su vuelta a concurso en 2016 se saldó con un brillantísimo cuarto puesto gracias a la pegadiza “If love was a crime”, que perfectamente podrían haber incluido en su repertorio Rihanna o Jennifer López… ¿Me siguen? Su sonrisa de oreja a oreja y el baile “chuminero” ya son iconos del Festival.

Bulgaria también lo está haciendo muy bien en los últimos tiempos. Las excelentes prestaciones de 2016, la mismísima Elitsa Todorova y su quinto lugar en Helsinki 2007, o el subcampeonato de Kristian Kostov este mismo año son solo un aviso. Estaremos muy atentos a lo que nos pueda contar la buena de Poli.

Todo ello en un Congreso de OGAE que se adivina apasionante, y en el que también nos visitará Jenny, que participó con el tema “Sense tu” en la edición de 2006 y que probablemente sea la mejor representante que ha tenido Andorra en su breve historia en Eurovisión. Actualidad manda, y digo yo que habrá que preguntarle por una hipotética participación de la Cataluña independiente en el concurso, ¿no?

Para entonces espero y deseo que hayamos encontrado ese corazón para Salvador. Te tendremos muy presente, amigo.

La Columna de Alber-Vissión

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