LA COLUMNA DE ALBER-VISSIÓN: “RECETAS MÁGICAS, A PROPÓSITO DEL XII CONGRESO DE OGAE ESPAÑA”

El Congreso de los Diputados. La casa del Pueblo, ese lugar en el que nacen las leyes y los señores presidentes del Gobierno exponen sus programas políticos con frases que quedan para la posteridad, desde el “puedo prometer y prometo” hasta el “fin de la cita”, pasando por el “váyase, Señor González” y los “brotes verdes”. Ese sitio bastante más pequeño que lo que se ve en la tele, en el que Gabriel Rufián te saca una fotocopiadora republicana, Rafael Hernando hace chascarrillos sobre los supuestos amoríos entre diputados, Celia Villalobos se marca unas partiditas de Candy Crush, mientras tú te pimplas un wiskito en su bar por 3,50 (si eres diputado).

Ese local al que acuden tanto oradores con rastas como mamoncetes de meses (y de años), allí donde Pablo le planta un pico succionador a otro señor, Pedro pasa de cuarta a primera fila en cuestión de meses y Mariano nos cuenta que “cuanto peor, mejor”. Donde Tejero alzó la pistola y descerrajó dos tiros, donde se sentaron a la vez Fraga, Carrillo y Dolores Ibárruri “La Pasionaria”, testigo de los combates dialécticos de Cánovas contra Sagasta y Clara Campoamor contra Victoria Kent… En ese espacio también se debate sobre Eurovisión.

El traído y llevado gallo de 2017 ha sido el colmo de las desdichas para un país que, por primera vez en años, está comenzando a ver el festival como el gran escaparate que es, donde uno de los pocos países enteramente frikis es el nuestro. A base de ver cómo suecos, rusos e italianos hacen sus deberes puntualmente cada año, el españolito va viendo que no estamos condenados como en una plaga bíblica a sufrir los últimos lugares de la clasificación, que podemos hacer las cosas bien. La llamada “clase política” es muy dada a retozar, gustosa, en este tipo de barrizales.

Esculpidos en rocoso bronce, los imponentes leones de la Carrera de San Jerónimo no pudieron llevarse la zarpa a la cabeza como otros hicimos al saber que el presidente de Radiotelevisión Española, José Antonio Sánchez, contestó a la oposición que constituye “una prioridad” que España logre “una buena posición” y, ya que “no hay recetas mágicas”, el objetivo es “conseguir una actuación de calidad”. ¿Ganar después de medio siglo? De eso no se habló.

Sesudo análisis. Nada que no hayamos dicho ya por estos lares una y otra vez, insistiendo en que para ganar Eurovisión lo primero que hay que hacer es dejar de experimentar y revalorizar lo que ellos mismos han denostado con más de dos décadas trufadas de participaciones horripilantes, en las que no hemos pisado los cinco primeros lugares de la clasificación.

Yerra el buen hombre en su afirmación sobre el Big Five y sus “muy malos resultados de estos años”. Recuerde usted que Italia transita regularmente por los diez primeros puestos de la clasificación desde su vuelta, y ha estado dos veces a punto de ganar, la calidad innegable de las presentaciones de Francia en este último tiempo o, desde luego, la victoria de Alemania.

Como colofón, reconozcamos que poner a 22 personas en Ucrania durante diez días nos costó 43.350 euros. Lo veo francamente insignificante si tenemos en cuenta el dineral que se le va al erario público en chorradas, pero ese mismo dinero nos hubiese costado otro aspirante en condiciones. Lo he dicho alguna vez: derrochamos el mismo dinero llevando a un representante digno, que yendo a hacer el shorra.

¿Sistema de elección para 2018? Mire, de eso no toca hablar, buenas tardes, adiós. Ah, pero no se supone que habíamos desplazado un equipo de RTVE a Suecia para ver cómo se lo montaban en el Melodifestivalen… Entonces, ¿a qué fueron?

Tranquilos todos, que OGAE España está aquí para resolvernos estas y otras dudas. El próximo 7 de octubre, en el seno de nuestro XII Congreso anual, tendremos ocasión de escuchar una charla del responsable de la actual Edad de Oro del más importante proceso de selección nacional del Festival de Eurovisión, el sueco Christer Björkman.

Inteligente decisión de la Junta directiva de OGAE el apostar por un invitado de tal calibre. Si bien fracasó como representante de Suecia en la edición de 1992, celebrada en Malmö (fue penúltimo con el tema “Mañana será otro día”, un anticipo de lo que sería su carrera posterior), es encomiable su labor al frente de la elaboradísima estructura del Melodifestivalen desde el año 2002, como jefe de producción. Más adelante encabezaría la delegación de la SVT, y la Unión Europea de Radiodifusión terminaría por encargarle la producción de los festivales de 2013, 2016 y 2017, tarea que resolvió con suma brillantez.

Conocido activista a favor de los derechos del colectivo LGTBI, suya fue la propuesta de sacudir las polillas al Melodi, que pasaría a contar con cuatro semifinales a celebrar en distintas ciudades del país, el convertir la gran final en un macroprograma de televisión a la altura de la mismísima Eurovisión, o abrir la preselección a opciones musicales más allá del ramplón schlager. Hoy la designación del representante de Suecia es un atractivo turístico más para el país.

Nuevos sistemas de votación para ganar en interés y emoción, organizar el orden de salida de los participantes para atraer a la audiencia, permitir más personas sobre el escenario… ¿El resultado? Suecia ha estado nueve veces en el Top5 en estos últimos 16 años, incluyendo dos victorias con sendos éxitos mundiales, “Euphoria” en 2012 y “Heroes” en 2015. Esos cambios paulatinamente van llegando a Eurovisión, donde él mismo propuso la creación de los premios Marcel Bezençon que otorgan los comentaristas, compositores y la prensa especializada.

No será el único momento en que podremos debatir durante la inminente cita anual de OGAE sobre el presente y futuro de nuestro país en el mayor concurso musical del planeta. Considero que será muy interesante escuchar a nuestra representante en 2011, Lucía Pérez, quien no dudó en mostrar su disgusto con la canción que tuvo que defender en certamen organizado en Dusseldorf, y a José María Purón, compositor de dos canciones vencedoras del festival de la OTI en 1992 y 1996 (“A Dónde voy sin Ti” y “Mis Manos”), una ganadora del Festival Internacional de Viña del Mar en 2003 (“Este Amor es Tuyo”), y de la última canción que nos ha hecho pisar el pódium de Eurovisión, “Vuelve Conmigo” en Dublín 1995.

Y, como no, en la cita del próximo 7 de octubre también comparecerá una de las grandes favoritas del público eurofán en la selección española de 2017, LeKlein, cuya canción “Ouch” ganó la preselección pública celebrada a través de internet, con la mayoría aplastante de los votos. Tercera clasificada en la final nacional, en su momento acusó abiertamente de manipulación e irregularidades a los responsables del proceso.

Yo no hablaría de recetas mágicas, como sugirió el director de RTVE en el Congreso de los Diputados (casi nada). A mí me gustan más las palabras trabajo, constancia y profesionalidad, que es lo que ha venido distinguiendo en estos años a Chirster Björkman, llamado a ocupar el puesto de supervisor ejecutivo de la UER con el seguro encargo de conducirnos a un auténtico “Mundovisión”. Claro que Suecia ha tenido patinazos, y un año hasta se quedaron sin final, pero… ¿Qué hay de las infumables actuaciones de nuestro país en ese mismo tiempo?

Deseo conocer la opinión de todos sobre la peor racha de nuestra común patria en la historia del concurso, pero sobre todo la de Björkman, pues prácticamente coincide en el tiempo con el reinado de los suecos, a un paso de su séptima corona. Es curioso, ya ve usted, querid@ amig@ eurofán, que él haya accedido a encerrarse en un auditorio con cientos de aficionados españoles, y que aún estemos esperando lo mismo de algún directivo de nuestra tele pública.

La Columna de Alber-Vissión

Deja un comentario