LA COLUMNA DE ALBER-VISSIÓN: “PORTUGAL”

Cuando estés leyendo estas líneas, querid@ amig@ eurofán, es muy probable que todavía haya brigadas actuando en algún punto de los más de 150 kilómetros cuadrados afectados por el devastador incendio que ha arrasado Portugal. 64 muertos, 204 heridos y más de 30.000 hectáreas de valiosísimo bosque devoradas por el fuego, originado en el pueblo de Pedrógão Grande, es el saldo de un desastre que vuelve a poner al vecino país en el foco mediático.

A todas estas, el gobierno portugués ha hecho una gestión bastante cuestionable de la catástrofe, desde la coordinación de los medios hasta la deficiente información proporcionada. No sería de extrañar que la ciudadanía les castigue y bien en las inminentes elecciones.

Otra tormenta se desataba esta semana con epicentro en la marmórea cabeza de la vaca sagrada del fútbol mundial, Cristiano Ronaldo, que detuvo el corazón del planeta cuando anunció su propósito de abandonar el Real Madrid, equipo con el que ha cosechado sus mayores éxitos como profesional. El trato que ha recibido al conocerse una supuesta deuda con la Hacienda española de, mira tú, 14 millones de nada, tienen la culpa del ataque de llanto de ese al que los periodistas especializados llaman “astro portugués”, líder de su selección nacional de fútbol.

Pero hay más. Esta semana conocíamos que el Benfica ha fichado, en una jugada maestra de marketing, a uno de los hijos de Madonna, una especie de Óliver y Benji contemporáneo a sus 11 años. David Banda se llama el muchachito, y la diva ya ha decidido que se va a establecer en Lisboa: ha buscado un exclusivo colegio para cuatro de sus retoños, y para ella se reserva a un tal Kevin Sampaio, un machazo de 31 años al que se ligó en el rodaje de un videoclip en 2015.

Y, por si alguien no lo recuerda, Portugal triunfó en Eurovisión con récord de puntuación el pasado mes de mayo.

En conclusión, para lo bueno y para lo francamente malo, nuestros vecinos portugueses acaparan portadas y espacio en informativos y redes sociales. La California Europea, le dicen.

“Ante la ferocidad de la madre naturaleza, corresponde a cada uno hacer lo mejor que sabe y puede para minimizar el sufrimiento de las poblaciones del Pedrógão Grande”, ha manifestado Salvador Sobral -ganador de Eurovisión- en Facebook para anunciar que dedicaría los ingresos de su recital y venta de discos en Ourem a los afectados por el devastador incendio.

El 27 de junio tendrá lugar en Lisboa un gran concierto solidario organizado por la agencia que conduce la carrera de Sobral, que contará con más de una veintena de artistas, cuyo beneficio será para los afectados y para la reconstrucción de las áreas destruidas por el fuego. Como todo en esta vida obedece a un orden natural, se celebrará en el MEO Arena, casi segura sede de Eurovisión 2018, con capacidad para más de 20.000 espectadores. En los próximos meses pasarán por el inmenso pabellón, entre otros, Aerosmith, John Legend y Ariana Grande.

Dudo que la Radio e Televisao de Portugal (RTP) se haya tomado en serio a sí misma cuando se desdijo de su anuncio del 15 de mayo, en que confirmó a Lisboa como sede, con el MEO (ni la guasa que nos vamos a coger con el nombrecito) como recinto sugerido por la Unión Europea de Radio Difusión (UER). Vale, organicemos una selección interna, en la que por cierto ni siquiera participa la segunda ciudad del país, Oporto.

El alcalde de la ciudad, con dignidad tripeira, declinó tan siquiera presentarse, alegando que el coste era muy alto. Debe tener familia española. El Consejo Metropolitano de Oporto ofreció a cambio Santa María da Feira, con un coquetón recinto ferial para 11.000 espectadores. Guimaraes, Gondomar y Faro completan la terna de opositores a la candidatura “oficialista”.

Por más que Eurovisión deja un legado imperecedero en ciudades no tan grandes, que se ven transformadas por la incidencia del mayor festival musical del mundo, demos por seguro que la UER no se la jugará, y Lisboa se terminará uniendo al círculo de grandes capitales europeas que han acogido el Festival, en el que echamos en falta aún a Budapest, Praga o Berlín.

No podía Eurovisión dejar de visitar un país maravilloso, tierra de conquistadores y buen vino, que presume de preparar el bacalao de mil y una maneras distintas, y una ciudad de privilegiado emplazamiento e historia milenaria, en la que han dejado su huella decenas de civilizaciones.

Aunque la mitología griega nos dice que fue Ulises quien fundó Lisboa, lo cierto es que fenicios y cartagineses pelearon durante siglos por las fecundas tierras ya conocidas como Olisipo, que se hallaban en el estuario de un inmenso río. Ambos pueblos se encargarían de hacer circular por las tabernas de los puertos del Mediterráneo las leyendas de Plinio y todos estos, respecto a los cinco terrores del Estrecho (calma, nieblas, bajos, algas y monstruos marinos), para ahuyentar a la competencia y quedarse como dueños absolutos del mar y de aquel puerto de abrigo perfecto para los barcos que cubrían la ruta del Estaño.

Hacia el año 205 a. C. los Romanos se hicieron con la ciudad, a la que rebautizaron Felicitas Julia, y tras un siglo y pico de dominio visigodo, los musulmanes la integraron en Al-Andalus durante más de cuatrocientos años. Una vez reconquistada por los cristianos, Lisboa adquiere su nombre actual y la capitalidad del Reino de Portugal.

Inspirados por los fenicios, o tal vez ante la necesidad de buscar rutas alternativas al dominio de Castilla y Aragón, los portugueses se hicieron a la mar y desarrollaron las primeras rutas en busca de oro y esclavos. Las expediciones de Vasco da Gama a las Indias y la llegada a Brasil de Pedro Alvares Cabral marcan un nuevo periodo glorioso que terminaría con el gran terremoto y posterior incendio de 1755, que destruyeron Lisboa y dejaron casi 100.000 muertos.

El casco antiguo de la ciudad, de manzanas grandes y calles rectilíneas, debe su configuración a la reconstrucción encargada por José I al Marqués de Pombal. Esas románticas plazas y avenidas de la actual Lisboa, con aroma a fado y pasteles de nata serán las que recorrerán dentro de pocos meses quienes acudan a la llamada del Festival de Eurovisión.

Tiempo para dejarse enamorar por el encanto de Barrio Alto, Belém, Chiado o Alfama, que sobrevivió al terremoto, de conocer la historia que atesoran el Convento do Carmo, el Monasterio de Los Jerónimos, el Castillo de San Jorge o la Torre de Belem, o de utilizar alguno de los románticos elevadores, entre los que destaca el majestuoso de Santa Justa.

Portugal, hoy noticia por Cristiano Ronaldo, Madonna y las funestas consecuencias de un gravísimo incendio forestal, es un país encantador que espera con los brazos abiertos un festival que le era esquivo desde 1964. En próximas entregas hablaremos de las muchas hermosas canciones que nos han regalado nuestros vecinos hasta su victoria con Amar Pelos Dois. Las hermosas y las petardas, que esto es Eurovisión.

La Columna de Alber-Vissión

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