LA COLUMNA DE ALBER-VISSIÓN: “MI GALLINÁCEA CRÓNICA DE LA PRIMERA SEMIFINAL”

Después de despedir el Festival de 2017 con una crónica gallinácea de la gran final, obrigado y obligado por Manel Navarro, quién me iba a decir a mí que iba a dar la bienvenida a Eurovisión 2018 con una nueva oda al gallinero…

La vetusta, derruida y encantadoramente cutre Lisboa, cuna de conquistadores y tierra de pasteles de nata, fados y azulejos derruidos, nos recibe con su tradicional hospitalidad este año, merced al triunfo de Salvador Sobral, de quien no hemos sabido nada en las últimas semanas. Ironías del destino, el símbolo del país entero es el gallo, y en estado de gracia nos recibe en esta primera semifinal la israelí Neta Barzilai, absolutísima favorita, que ha hecho de la gallina su gran seña de identidad.

Hoy les comento un poquito sobre mis impresiones de esta fase, en la que hemos tenido un gallinero bien repleto, con gallos tapados, kíkeres, pavas y hasta avestruces. Por el lado positivo, una gran primera semifinal desde el punto de vista eurofan, mucha variedad y emoción servida hasta revelar el último finalista.

De entrada, el escenario. En mi modesta opinión, el peor en años. Está bien, cumple su función, pero definitivamente echamos en falta las proyecciones y el lujerío de los últimos festivales, las pantallas de leds y los suelos que crearon el árbol de Jamala. Nadie hizo caso a Salvador cuando habló de la música de usar y tirar y los fuegos artificiales, y hemos tenido petardeo del bueno y todo tipo de atrezzo para suplir la ausencia de pantallas, si bien han abundado este año las canciones de corte intimista.

Las presentadoras, a mi entender, espantosas. Sosas, hieráticas, sin gracia, con la lección bien aprendida y pare usted de contar. Mucho vestidazo, pelazo y cuerpazo, pero menudo muermazo, amigaza.

AZERBAIYÁN – Qué actuación tan extremadamente complicada y sin gracia. ¿Qué fin tiene esa escalada que ella emprende y qué persigue en líneas generales? Entre el escaso gusto que tiene como cantante, su afinación más que cuestionable y que es bastante absurdo todo lo que vemos en el escenario, en una semifinal tan dura creemos que Aisel es justo de las más flojas. Los azeríes siempre pescando en el mercado sueco o donde quiera que les aceptan los petrorrublos, pero carece de todo sentido y no llama nada la atención. En el escenario montan una especie de gimkana de ninja warrior por el que ella y sus coristas suben y bajan como si se les fuera la vida, por no hablar del bañador blanco de señorona con la gasita blanca y sin una triste pedrería: La peor de las baraturas. Han conocido tiempos mejores y pierden su sitio fijo en la final desde hace una década.

ISLANDIA – Ari Olaffson es como un gorrioncito, un chico que parece tener una voz interesante y un gran sentido del espectáculo, por lo que no tiene perdón que nos regale tres minutos de puro aburrimiento con esa canción a la que bautizaron como “Our Choice”. Yo pienso: Tu elección, sí, la que has meditado durante meses con la intención de venir a ganar un festival donde el resto se presentan con cañones y tú apareces con esa absurda balada que no emociona a nadie, con tus amiguitos los sosos y tu modelito de émula actualizada de Grease. Pues para eso haber decidido quedarte en tu casa. Total, para lo que te sirvió. Nuestra elección: No votarte.

ALBANIA fue, de nuevo, una de las primeras en escoger participante, en su tradicional y eterna preselección, y por una vez han pasado de la misma pesadez de diva trasnochada. Y les funcionó. Parece increíble que de un país tan chico salgan vozarrones alucinantes como el de Eugent Bushpepa (de entrada me encanta lo de la pepa), rockero, entregado, un tío que verdaderamente emociona y hace grande una canción que no hace más que crecer y crecer a medida que la vas escuchando. Valiente y en su idioma, logra no caer en el error que tantas veces han cometido los albaneses de traducirse patéticamente al inglés, con letras absurdas plagadas de ailovyous y demás lugares comunes. Todo lo que no hubiese sido volver a oírlo cantar el sábado habría sido una tremenda injusticia.

BÉLGICA – La segunda juventud que estaban experimentando belgas y holandeses parece que se toma un respirito en 2018 debido a más que cuestionables decisiones derivadas de un exceso de confianza. Tal y como están las cosas, sólo estar en final ya es un logro, y no puedes quedarte en el limbo por no peinar a tu cantante y no ponerle un vestidito mínimamente favorecedor. Ya en el calendario de fiestas eurovisivas de las semanas anteriores al festival estuvo bastante poco acertada, y el desastre se consumó en tierras portuguesas. En el gallinero de la primera semifinal, la pobrecita Sennek fue la pata mareada, caminando sin gracia alguna por la inmensa pasarela y arruinando toda opción para la que, con seguridad, es la mejor composición de este año.

REPÚBLICA CHECA – Aquí el pollito del corral es el amigo Miklas, que va camino de dar a su país el mejor resultado de todos los tiempos. Debo decir que soy muy malísima persona, porque no me creo ni un episodio de esa lesión gravísima que el muchacho dijo haberse hecho en los ensayos. Sí, es un hecho que se hizo daño y que se fue al hospital, pero de ahí a todo lo que se llegó a escribir… Puaf, demasiado victimismo y búsqueda de publicidad gratuita, pollo, que mira el saltazo que te has pegado para terminar. La actuación está chula, con ese rollo medio nerd, las gafas y la recreación del video clip, con mucha gracia y el refuerzo de unos coristas que prácticamente se cantan toda la canción. La sorpresa de la mochila es lo que no vimos, de momento al menos. No creo que vaya a ganar, pero superará y con mucho toda la trayectoria de un país que hasta esta edición no ha buscado en condiciones un lugar en la historia de Eurovisión. Mucho me temo que va a terminar siendo el típico número que envejecerá fatal y calificaremos de desfasado de aquí a unos añitos.

LITUANIA – O sea, yo voy al recinto a ver su actuación, señora, y usted empieza en el suelo y le tiro cosas. Pero qué peñazo y qué antigüedad… Está claro que soy una persona insensible y mala, porque a mí esta canción me parece un absoluto muermo y en ningún momento abandonó el bottom de mi clasificación, pero Europa piensa distinto a mí, y premiaron los tres minutos de sopor profundo en el que nos sumió la buena de Ieva, con su apellido impronunciable y su vestido de delicadísimas gasas. Es que no tengo nada más que decir de ella además de las palabras insulsa y aburrida.

ISRAEL – Temerosos del efecto Gabbani están muchos de los que han apostado su dinero a una victoria hebrea en 2018. Se ve una candidatura muy potente y ella es un espectáculo en sí misma, pero después de tanto favoritismo se nos hace poco. Como fueron de los últimos en elegir jugaron sus cartas y supieron adaptarse muy bien a lo que los demás países habían ido enviando, y así terminaron con su tonta y divertida canción, de líderes desde que se conoció todo el pastel. Lo tiene todo: Empoderamiento de la mujer, mensajes anti bullying, bailecito divertido… Pero, ¿ganará? De momento, a la final cómodamente, pero me permitirás un consejo: Netta, afina una nota, porque de gatos chinos y pirotecnia no vive una señora que aspira a ganar un festival.

BIELORRUSIA – Mira, a mí estas cosas como intensas cutres a mí no me interesan. Después del terremoto israelí, otra de las peores actuaciones con diferencia, la del amigo Alekseev, que empieza cantando lo que le da la gana, no ya desafinado, sencillamente fuera de la canción y demostrando que fue un error desde el principio seleccionarlo. Lo del fore-vaaaaa es deplorable, y encima lo dice como veinte veces. Nula presencia escénica, nasalidad y nuevo show sin sentido alguno. Mucha rosa, mucha gitana del wasap, mucho pétalo, ascensor de brillor y coros operísticos, pero horrorosidad como único gancho para el votante. Ay, señor, qué divertida la Bielorrusia de 2017, con los vestidos de encaje, la guitarrita y la sana y folklórica diversión. Hasta el año que viene, si eso.

ESTONIA – Más intensas cutres para la selección. A la señora Elina le recomendamos que se deje de cantar intensidades y se dedique a seguir formándose, que tiene como clase y estilo, pero es un pecado venir a cantarnos este aburrimiento. Por no decir que ya los faldones iluminados con peanita huelen a naftalina. La canción es musicalmente espantosa y la voz de ella es muy mediocre, no me parece ni buena soprano ni esto es un aria en condiciones, ni una romanza, como pretenden hacernos creer. Todos los aficionados al belcantismo deberíamos tener derecho a apedrearla por osada, y básicamente por cantar para adentro, pero como nosotros no mandamos, se mete en la final y que sea lo que Dios quiera. Todavía coge top10 la memita…

BULGARIA es todo lo contrario que la estonia de los silbidos para adentro. Aquí tenemos una actuación pensada para ganar. Lo curioso es que el hilo conductor sea la única mujer de este grupo formado exclusivamente para esta única actuación -veremos en qué queda-, que asume un papel fundamental al final, pero los que aportan fuerza verdadera al conjunto son los cuatro hombres, de una solidez extraordinaria. La realización y el diseño son dignos del mejor show de televisión , y el goticismo que se respira funciona como un reloj y enloquece al público. Está por ver si esa vitola de favoritos con que se han desenvuelto desde hace meses termina por cuajar y Bulgaria se lleva el triunfo que llevan ya años mereciendo. A mí me han puesto los pelos de punta todo lo que no han hecho las nueve actuaciones anteriores. Los buitres carroñeros relegan al olvido a gallinas, gallos y gorriones.

MACEDONIA – Estas cosas que tiene Eurovisión. Si esta canción nos la trae alguien tipo Rusia o Dinamarca, nadie dudaría de que Eye Cue estarían en la final, pero la producción musical balcánica lleva años en crisis y Macedonia es precisamente de esos países ascensor que muy de tarde en tarde se nos planta en la final. Tres minutos de desenfadada diversión de usar y tirar que, mucho me temo, olvidaremos en unos meses, y que tiene el defecto ya conocido de ser tres canciones en una y no desarrollar los crescendos que son de lo más bailable de este año. Lo mismo que el checo buscó la notoriedad con la prolongación innecesaria de noticias sobre su lumbalgia, esta gente se ha dedicado a poner un poco a caldo a los rivales, con comparaciones tontorronas que ya ve usted para qué les sirvieron. Ella no ha dado una nota, pero tampoco esperábamos que lo hiciera, la verdad.

CROACIA – Franka, seré franco, no confiaba mucho en tu pase. Has tenido muy mala suerte este año con la semifinal que te ha tocado, porque vamos en la segunda de las series hubieses pasado ronda sin ningún tipo de problema, pero aquí la lucha se planteaba muy difícil. Inalcanzable, sensual, un absoluto show de señora. No se puede estar más buena y comparecer mejor vestida, cantando además bastante bien -sin pasarse- y llenando sola un escenario tan enorme. Lo que pasa es que con la armenia Iveta como referencia reciente de buenorra vestida de negro cual grajo preparado para atacar a Tippi Hedren en “Los Pájaros”, da la impresión de que necesitábamos hoy un poco más de ella. Nuevamente nos acercamos sin remedio a otra final sin repúblicas ex yugoslavas. Y ya se van convirtiendo en norma.

AUSTRIA y esa manía suya de querer ser el número 51 de los Estado Unidos, comparece con el buenorro con ganas César Sampson, que viene a ser el palomo de pecho plateado de la edición. Otro carísimo elevador con leds lo levanta nosecuantos metros por encima del escenario, desde donde nos ofrece una energética y adecuada interpretación a pesar del desacierto del vestuario modelo pijama galáctico. El coro góspel, una maravilla, y la realización otra. No nos aburre en ningún momento, y si sintiéramos la tentación de hacerlo, ahí tenemos sus poderosos pechos como referencia de gozo y entretenimiento. Carrerita por el escenario para que veamos otra cosa distinta al elevador de Santa Justa y final apoteósico. Dominio de la cámara, el escenario y los colores de la voz, y merecida presencia en la final, donde supongo que chupará vagón de cola. Pero, vamos, desde Conchita Wurst no aflojan, lo cual está pero que muy bien.

GRECIA sí que no estará el sábado y bastante que lo siento, porque siempre es necesario ese toque étnico y romántico, y este año lo aportaba Yianna Terzi, hija de un histórico de la música helena que hace nosecuantos años que ya estuvo por Eurovisión. Como alguien me cuenta, es posible que esta canción se haya presentado dos décadas tarde. Noto mucha desafinación en demasiados momentos para tres minutos, y sospechosísimo uso del coro para tapar unas carencias vocales muy preocupantes de la muchacha, que estuvo considerablemente mejor en el último ensayo. Fuegos artificiales y humareda de la buena que evidencian una recuperación económica en la delegación griega que no corre pareja a su suerte en Eurovisión. Pasados los buenos tiempos de la década pasada, ahora se conforman con animar a sus hermanos chipriotas desde la grada, como hacen los perdedores. No pasa nada, bonita, ya lo harás mejor y más modernuqui otro día.

FINLANDIA. Todo en Saara Aalto es demasiado, demasiado. Ella, a la vista de lo que le ha costado que su país se decidiera a dejarse de hacer el shorra y seleccionarla internamente, se trajo de Helsinki todo lo que pudo y más, como para una gala drag de Las Palmas o similar. Arranca cantando boca abajo con la ruleta esa de la muerte, neones, escaleras, balcones, fuego frío, rapado, coreografía y hasta un salto al vacío. En la parte negativa, además del exceso del conjunto, añadiremos a las gallinas coristas que le hacen un flaco favor y que el maquillaje ese con la raya larga no le favorece nada y le hace parecer la hermana gemela separada al nacer de Netta, aunque con 50 o 60 kilos menos y mejor afinación. En momentos concretos se pierde a sí misma y se vuelve a encontrar, y vemos dos o tres fallos graves de realización que no nos gustan nada, pero ella tiene tantas ganas de agradar que se lo perdonamos todo y nos alegramos de que pase a la final. Se la ve buena niña, y nos apetece bailar el sábado.

ARMENIA presenta a Sevak Khanagyan, el cuervo de la edición, y termina por ahogarse en su enésimo homenaje al holocausto y la diáspora. Si tu objetivo es ofrecer un buen número y tienes un cantante tan excelso, que frases potente y maravillosamente, la pregunta que nos hacemos es por qué no te buscas una canción un poco más accesible y gustable. Después del temita chochi y sin pretensiones de la finlandesa, ni el masivo voto de la emigración salva a los armenios de la segunda eliminación de su historia. Como los griegos, también han conocido años mejores, y no siempre se puede acertar.

SUIZA es el gran fiasco de esta semi. Sin ser mi canción preferida, he de reconocer que me ganaron por su talento y profesionalidad. especialmente destacable el rollazo tan auténtico que tiene ella, que ocupa muy bien el stage y disfruta como una loca de cada segundo de la actuación. Es otro tema que hubiese querido ver en manos de otro país, aunque desde el punto de vista musical no puede ser más simplón, y con una puesta en escena francamente mejorable. ¡Ella es una niña, encima! Criatura… Treinta años ya desde la victoria de Celine Dion y bastante más sombra que luz en el palmarés suizo.

IRLANDA – Otra canción tonta a más no poder, la del pequeño jilguero irlandés, cuyo mayor mérito residió en una puesta en escena preparada con cariñito y poco más. El primer día que la escuché la detesté, y creo que sigo haciéndolo por más que se hayan metido en la final. ¿Él canta mal? Pues no sabría decirlo, porque son tres minutos de inaudible susurro agudísimo que en momentos puntuales roza el desagrado. Desde la época de los Jedward no veíamos a Irlanda en una final, y supongo que tendrán un recorrido bastante efímero. Efectito nieve tipo Euphoria para terminar y sobredosis de almíbar que Europa incomprensiblemente premió.

CHIPRE termina de romper el espectáculo con una Eleni Foureira en estado de gracia que nos brinda un show profesional y brillante. Tres minutos de frenético y sensual baile que la encumbran como una de las rivales más duras a batir. Si no han visto sus enérgicas performances en los conciertos de la cadena MAD y muchos otros, les invito a seguirla. Cuerpazo, mono ajustado cuajado de brillor, melenón salvaje… Eso, y no otra cosa es pisar un escenario donde tienen que votarte millones de personas. Una década después de ofrecerse como concursante a Grecia con el no por respuesta, en la noche del corral gallináceo, Eleni fue el cisne. Seguramente en la TV griega, la que quiera que esté ahora, habrá quien se esté dando cabezazos contra la pared por haber dejado escapar durante casi una década la posibilidad de que este volcán les representase, y no sería nada descabellado que sumase el primer triunfo en el palmarés de la isla, o al menos superar el sexto lugar que tienen como mejor registro desde hace cuarenta años.

Sorpaso chipriota a las aspiraciones israelíes, con Bulgaria de gallo tapado. La resolución llegará el sábado, pero ojo a una segunda semifinal que promete ser también de infarto.

La Columna de Alber-Vissión

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