LA COLUMNA DE ALBER-VISSIÓN: “EUROVISIÓN ES UN COÑAZO”

Julio de 2015: “¿Eurovisión? Se van a quedar sentados esperando. Es la mentira más grande que existe dentro del mundo de la música. […] Lo siento, pero no. ¿Qué mierda es esto? Es más, pido que ningún compañero se presente a Eurovisión”.

Febrero de 2016: “No me gusta Eurovisión. Me parece un coñazo, una mentira muy grande y un engaño”.

Enero de 2016: “No soy partidaria de Eurovisión. Podría llamar a Xuso Jones y decirle que no vaya”.

Marzo de 2014: “A mi edad y tras 22 años de carrera sería un coñazo presentarme. Es para artistas jóvenes”.

Como no escarmentamos, es cuestión de semanas que algún reportero de esos con muy poca idea (y menos preparación) vuelva a pillar a Mónica Naranjo en alguna rueda de prensa y le plante la pregunta de marras sobre si se presentaría a Eurovisión. Ella volverá a responder con algún exabrupto y cara de verdadero hastío para disgusto generalizado del mundillo eurofán, que le perdona una y otra vez ese pecadillo venial.

Al menos este año tendrá sentido que le pregunten, cuando Tinet Rubira, factótum de Gestmusic, siempre dispuesto a meter sus zarpas en el certamen, se ha descolgado con una fenomenal propuesta: Que España mande a la Naranjo en plan dúo de divas nada menos que con Chenoa. Ya. Entre que estamos en plena época de escasez informativa, y que los eurofans andamos medio escarmentados de tanta chufla, la propuesta ha pasado bastante desapercibida. Rollo Monetta en Ucrania.

Hay algo que me resulta increíble. No veo extraño y ni siquiera me molesta que la señora lleve años refiriéndose al Festival en estos términos. Las opiniones son libres, aunque a veces se profieran de una manera tan peculiar, y obedezcan no sé si al desconocimiento, al desprecio o sencillamente el total desinterés, pero lo llamativo es que haya gente que todavía proponga para participar en un concurso a quien lo ha tachado de coñazo, reiteradamente y con evidente tono de desprecio.

Sabemos que ella misma matizó sus palabras -pronunciadas nada menos que después de haber sido jurado de la selección española para la edición 2014, es decir, participando de lo que es un engaño y una mentira-, y dijo que para ella sería un coñazo presentarse, no que el festival lo fuese, pero lo cierto es que lo reiteró años después, y ha llegado a decir que no le gusta.

A lo del dúo le doy menos credibilidad que a la melena de Philipp Kirkorov, pero es una lástima que Mónica siga en esa espiral destructora. Chica, a estas alturas no tienes nada que demostrar, tu carrera la has llevado como te ha salido de la patatona (esa palabra que tú usas y que tanto me gusta), y quedar primera o vigesimocuarta no va a restar nada a una trayectoria intachable. ¿Qué miedo puede tener a pisar el MEO Arena una señora que estelarizó la gala del Aniversario de RTVE con su épica e inolvidable versión del “Vivir así es morir de amor”? Ninguno. Te lo digo yo, que te he visto cuatro veces en concierto y tengo hasta tu primer cd…

Este verano tenemos tantos frentes abiertos… De un lado, el anunciado regreso de Operación Triunfo, que se barrunta como posible trampolín para nuestro aspirante en Lisboa 2018. Por otro, el cantante que nos ha dejado en mejor lugar en los últimos 20 años, David Civera, anuncia su intención de presentar una propuesta irrechazable a los cerebritos de RTVE para volver a representarnos. Y, como guinda, las declaraciones de la jefa de delegación de la cadena, Ana María Bordas, quien asegura que se está trabajando en ello desde junio.

Recuerda al “estamos trabajando en ello” que dijo Aznar con raruno acento texano cuando le preguntaron por vete a saber qué, tras reunirse con su íntimo amigo Bush. Lo cierto es que la coña internacional que se montó alrededor de la frasecita motivó al entonces presidente para ponerse las pilas con el inglés, y el hombre hoy se considera incluso capacitado para mandarse esos discursos que suelta de tarde en tarde por la universidad americana de turno.

El cacareado último lugar de Manel Navarro debería de ser un estímulo también para alguien con un mínimo de espíritu ganador, para demostrar que si Portugal, Finlandia, Austria y Turquía han conseguido ganar, nosotros tenemos como mínimo que luchar por estar entre los cinco primeros. No sé yo si la Sra. Bordas se habrá puesto las pilas en las mismas condiciones.

Francamente, no me la veo escuchando cuatro mil maquetas, reuniéndose con discográficas, tocando la puerta de compositores y artistas consagrados, y mucho menos convenciendo a sus superiores para que dejemos descansar por un año a Anne Igartiburu y trabajemos por parecernos un poco más al Melodifestivalen, en lugar de a la enésima y caspienta o casposa émula de Noche de Fiesta.

Todo parece indicar que ese proyecto en el que está currando nuestra cadena pública desde junio, es la vuelta de Operación Triunfo, formato que en su día nos dio tres resultados más que aceptables. Claro que corrían otros tiempos, y lo que era novedad planetaria en 2002 hoy es un “talent show” más, y nada nos garantiza un nuevo efecto Rosa. ¿Soy negativo? No, querid@ amig@ eurofán, realista. Y para completar el círculo, se sabe que Mónica Naranjo será juez/coach esta vez, metida hasta las rodillas en ese Eurovisión que tanto detesta.

Nos queda desear que quien nos represente en Lisboa al menos no considere que ir a Eurovisión es un coñazo, una mentira y un engaño, como piensan la Naranjo… Y el mismísimo Tayyip Erdogan, cuyas huestes ya se han encargado de decir que esa historia de que Turquía va a volver a Eurovisión es falsa. Más falsa que la sonrisa de Jacques Houdek.

La ganadora de 2003, Sertab Erener parece que soltó en las redes sociales algo respecto al regreso de su país a la competición, y ya corrieron algunos a hacerse eco de la noticia con los “presuntamente” esos que tanto abundan en el mal periodismo. Ese afán por la foto, qué malo es. No fue Erdogan en persona el que lo desmintió, pero mandó en su nombre al viceprimer ministro Bozdag, que despachó el asunto con un lacónico “de momento, este no es el caso”.

Y digo yo. Lo mismo es que a esta gente no le apetece ir a Eurovisión. Katharine Hepburn tardó 41 años en acudir a la entrega de los Oscar. Cuando lo hizo, se plantó en pijama, con un moñarro peinado de cualquier manera, le entregó el Iving G. Thalberg Memorial a su gran amigo, el productor Lawrence Weingarten, y se piró a su mansión de Connecticut, al borde del mar, donde se daba todos los días un gélido baño mañanero.

Los cuatro premios que la Academia le concedió a Kate, que jamás recogió, pueden contemplarse en una vitrina en el Empire State Building. A ella no le interesaban lo más mínimo: Los Oscar le parecían un coñazo.

A mí también me lo parecen sus declaraciones, señora Naranjo.

La Columna de Alber-Vissión

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