LA COLUMNA DE ALBER-VISSIÓN: “AMPOLLAS, DINERO PÚBLICO Y BOTAS DE COLOR ROSA”

Ha pasado una semana y aún no tengo claro si las botas que llevaba el sábado Getty Kaspers eran de color rosa palo, rosa chicle, fucsia, malva, lila… ¿Nunca les conté que soy daltónico? Pues sí, lo soy. Ya conocen a alguien que lo es. Por esa pequeñita, chiquitita, discapacidad que uno tiene, me era especialmente complicado de entender el potaje que la buena señora llevaba puesto, pero oiga, los vestidos de Marujita Díaz eran directamente gore y ella no ganó Eurovisión, como sí hizo la buena de Getty allá por 1975. ¡Que siga triunfando, inmortal y campechana, con sus zapas del color que sean, su guardapolvo negro y su boa de plumas medio calva de 1,50 euros el manojo!

La visita de la cantante de Teach-In fue la primera que tuvimos en el XII Congreso de OGAE, celebrado con éxito de crítica y público, como dicen los malos periodistas, el sábado pasado en el Salón de Actos de la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense. Contras del lugar: la falta de un sitio donde echarme una caña en condiciones. A favor: todo lo demás. Uno, que es cinéfilo, estaba encantado por aquellos pasillos retratados por Alejandro Amenábar (que hoy es #muscle, #fit y #healthyguy en Instagram) en la película Tesis, deseando que viniera Eduardo Noriega a mancillarme. Y eso que tenía tres ampollas en los dedos de los pies.

Eso tiene ser de pueblo. Vas a Madrid dos días y te lías a caminar como los bobos por esas grandes avenidas y luego te vas de fiesta. Resultado: dos ampollas en los dedos anulares de ambas pezuñas y una tercera en el meñique izquierdo. Así estuve, medio inválido hasta el martes de la semana siguiente, querid@ amig@ eurofán.

Cojo perdido, no te digo más, me senté en aquella sala repleta de amigos y colegas dispuestos a gozar a lo grande de un plantel de artistas/ponentes estelar. Para entrada apoteósica en escena la de nuestro presidente el sábado, niño. Ni Dana International, ni Alex Panayi, ni Zlata Ognevich. Lo primero, querido José Juan Santana, magníficas tus palabras, pero… Ni se te ocurra un congreso más sin besamanos. No vuelvo a entrar a salón de actos alguno sin que me des el saludo y el abrazo inicial como es debido. GRACIAS por tu entrega y por tanto trabajo.

Acertadísima idea la de recordar antes que ninguna otra cosa al vigente ganador del certamen, Salvador Sobral, todavía hoy a la espera de ese añorado trasplante de corazón que le permita vivir. Me emocionó profundamente la versión de “Amar pelos dois” que nos regaló Sebas, compañero eurofán y excelente cantante, interpretada desde bien hondo como este tema requiere. 12 points para ti.

Tras la citada visita de la solista de Teach-In y su actuación en rigurosísimo enlatado cosecha de 1975, recibimos a Jenny, quien defendiera a Andorra en 2006, con “Sense Tú”. Encontramos todos delgadísima y muy guapa a la asturiana, contando maravillas de su paso por el festival. Antes de arrancarse con un temita, remarcó que ya solo canta para los colegas, que su artista favorita de su año fue Carola (“Tú esperabas que dijera Anna Vissi para ponerte a aplaudir con las orejas”, me dijeron, malvados, mis compis de asientos… Cómo me conocen) y que estaba encantada viviendo y currando en Gibraltar de directora de equipo de una empresa. “Voy de paraíso fiscal en paraíso en fiscal”, dijo. Que te pierdes, Jenny…

La madre de todas las batallas nos esperaba con el asunto de los packs de entradas para el festival 2018. Y ahí que subió el secretario general, Lucas Cabo, pertrechado con un látigo de siete colas, la armadura que lleva Jaime Lannister en Juego de Tronos y una bandera de España con la leyenda “Potes”. No fue para tanto al final. Expuso alto y claro los criterios que se seguirán, primando la implicación con OGAE, acudir al congreso y la asistencia al festival anterior, pasó a responder con elegancia a alguna con ínfulas de khaleesi impertinente y se marchó, regio, entre aplausos.

Llegó Leklein. Inalcanzable de puro alta, se derrumbó totalmente cuando sintió la ovación cerrada con que la recibimos. “Habéis conseguido que me emocione, cabrones”, dijo, espontánea, entre sollozos. Qué mujer tan auténtica.

Dejó grandes perlas en su intervención (“Si elegimos para representarnos cosas a dedo que no han pasado el filtro del público no vamos a conmover a Europa”) en la que volvió a mostrarse dolida por el proceso de selección de RTVE, y confesó que su favorita era Mirela (“No es mi estilo de música, pero vendió muy bien su actuación… Y encima está buenísima”). La dimisión del exjefe de delegación española, Federico Llano, la despachó con un “creo que él se fue porque se sintió mal”. Pensamos igual, menuda… En lo de Mirela no. Sigo creyendo que nuestras opciones más potentes en 2017 eran ella misma o Maika, y no hay más que escuchar el pedazo de directo que nos dejó de “Ouch!” como regalo, demostrando que sabe cantar y muy bien.

Tras el preceptivo descanso llegó lo mejor de este día: una Lucía Pérez -España 2011- pletórica de condiciones y voz, cuerpazo, taconazos, vestidazo, acompañada del compositor José María Purón, autor de dos canciones vencedoras de la OTI (“A dónde voy sin ti” y “Manos”), una ganadora de Viña del Mar (“Este amor es tuyo”) y nuestro último subcampeonato continental, “Vuelve conmigo”.

Muchos descubrieron la inmensa cantante que hay detrás del “Que me quiten lo bailao”, sinceramente una de las canciones que menos me gustan de la historia de Eurovisión, a años luz del potencial de Lucía. Nos regalaron un acústico brillante, que puso al auditorio en pie -mis ampollas ahí reventaditas- y refrendaron lo que la propia Lucía dijo en su entrevista: “Hubiese preferido concursar con un tema de Purón”. Visto lo visto, habrá que rogarles que lo intenten. Ah, y también nos contó que lo único que RTVE le permitió elegir aquella noche fatídica de 2011 fue el vestido.

Yo que iba deseando ver cómo saltaban los tres de siempre con el debate del informe de Tesorería… Qué va, chasco, hasta aplaudieron cuando vieron el superávit. Mi gozo en un pozo. Y mis pinreles al borde de la sangre. Hubo más chicha con el informe del abogado de la organización respecto a la resolución de Fiscalía sobre el proceso de selección de RTVE para 2017 y todo el follón de los mensajes, la designación de jurados, los gallos y las cluecas. Me alucina que alguien se trague, con la de pruebas que existen, que un directivo del ente pueda decir que desconocía la evidentísima relación de Xavi Martínez y Manel Navarro. Relación de amistad.

Es tan strong lo sucedido que solo lo explica uno con dos palabras. DINERO PÚBLICO. Señoras y señores, que los fondos utilizados para este proceso salieron de nuestros bolsillos. Del suyo y del mío. Saquemos cuentas. Preselección a través de internet con cientos de temas y programas emitidos por la web. A su término, un proceso de varias semanas con los seis finalistas y gala posterior con el resultado que conocemos. Un par de meses de promoción y el coste de la propia gala, estancias, viajes, emolumentos, cachés, cenitas y cuchipandas… Cientos de miles de euros, no sé cuántos, auditados y justificados seguro, pero que pagamos usted y yo.

Un proceso “poco transparente”, concluye el Fiscal. Es que si este es el resultado casi prefiero el más barato dedazo interno. Todavía hay quien dice que OGAE España se pasa de beligerante. Si hablasemos de fútbol estarían los tanques en la calle. Y lo sabes.

Con razón otro de los invitados al congreso, el productor ejecutivo de los últimos festivales y artífice del Melodifestivalen desde 2002, el sueco Chirster Björkman, nos recomendó en su exquisita intervención un proceso de selección estable y continuado en el tiempo. Normal, caballero, normal. Fue muy diplomático el hombre, pero sí dejó entrever que el secreto para ganar Eurovisión es sencillamente querer ganar Eurovisión: “Detrás del Melodi hay gente que sabe de música, mientras que en España es gente de la televisión”. Si hubiese añadido “con escaso interés” ya lo clavaba.

“Mister Eurovisión” confesó el caos que se encontró en Kiev en la previa del certamen, y que prácticamente tuvo que montar el Festival en cuatro semanas. También nos habló de sus memorias y que su favorita de esta época dorada de la preselección sueca es “Euphoria”, apuesta personal suya y todo un hit mundial a pesar de que hubo que convencer durante meses a Loreen para que se presentase. Un lujo escucharle.

Y, como en cada congreso que se precie, en la jornada de tarde también hubo tiempo para disfrutar con estrellas recientes del concurso, dos de nuestras preferidas en Estocolmo 2016, la austriaca Zoë y la búlgara Poli Genova. La primera, con el mismo exacto candor de entonces, ofreció una divertida entrevista y su “Loin d’ici”, y la segunda ya una asentada artista, vestida y peinada rollo Christina Aguilera, un verdadero terremoto en escena con su interpretación de las dos canciones con que ha representado a su país en 2011 y 2016, “Na Inat” y “If Love was a crime”.

Una ambulancia medicalizada recogió mis restos a las puertas de la Facultad de Ciencias de la Información y me llevó a un centro médico a que me amputaran lo que me quedaba de pie.

La actuación de Poli fue un cierre estelar a casi doce horas de maratoniano congreso donde me quedo con una conclusión: España tiene que replantearse y mucho su papel en Eurovisión, empezando por qué selecciona para participar. Sería interesante que dieran el paso y dialogasen con quienes sólo queremos lo mejor para nuestro país y sentirnos orgullosos del papel de nuestra televisión pública.

Música eurovisiva en el Delirio Dance Club, reencuentro con personas a las que quieres y que apenas ves ese ratito al año y el deseo de que pasen cuanto antes estos meses que quedan hasta que escuchemos el Good Evening Europe en el (que me) MEO Arena. Esas calles empinadas de Lisboa deben ser fenomenales para los glúteos pero prefiero no imaginar cómo quedarán las plantas de mis pies.

La Columna de Alber-Vissión

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