LA COLUMNA DE ALBER-VISSIÓN: “AMAIA DE EUROPA”

No estoy nada de acuerdo con ese movimiento para que Agoney nos represente este año en Eurovisión “porque es el único que tiene ilusión por ir”. ¿En serio? ¿La misma que tenían John Cobra y Karmele? Como yo tengo ilusión también, pues mándenme a dúo con mi amigo Juan. Somos canarios, por cierto.

Recuerdo aquel inicio de temporada televisiva del año 2016, cuando a la encantadora María Casado le encargaron levantar La Mañana de la 1, después de varias temporadas de exitosa trayectoria en el Telediario y en Los Desayunos. Yo en su lugar hubiese muerto de dolor. Puse su programa un par de veces para ver cómo le iba, a pesar de que odio esos formatos matutinos a base de tertulias de sabelotodos, y desistí al comprobar que daba igual el día en que me conectara: El monotema era la vidente que echó las cartas del tarot sobre la ameba del piojo de la rata que olisqueó el más mínimo rastro de fango que quedó en el arcén de la carretera del lugar en el que se suponía que había desaparecido la pobre Diana Quer.

Casi año y medio sin verlo, me conecto estos días y sigue la misma cantinela: Conexiones en directo con la cuñada de la vecina del padre del criminal confeso, análisis de gente cuyos méritos desconozco sobre decisiones judiciales que ni siquiera se han producido y, en fin, el despiece carnicero de un asunto que dudo que interese a nadie -al menos, a semejante nivel de pesadez-, por supuesto sin dejar descansar en paz a muertos y familias.

La Mañana de la 1, Espejo Público y Ana Rosa: Tres joyitas en competición pasándose la ética profesional por el arco del triunfo -con todos mis respetos a los arcos y los triunfos-, en este y otros asuntos. Como remate, una absurda mesa del corazón con cuatro advenedizos de esos que se llaman periodistas y hasta se permiten dar lecciones de nosequé. Amaia, la de España, me representa cuando dice que no quiere ir. Normal, hija, normal.

Encuentro que Amaia, la de España y la de Operación Triunfo, me representa en tantas cosas… Como español medio, yo tampoco quiero depilarme, señora, si tengo las piernas peludas pues las tengo y punto. Si tengo ganas de hacer pis después de tres horas sentada en un plató, pues qué quieres que diga, que me lo estoy haciendo encima y que si puedo ir al baño cantaré mejor. La psicóloga que visita a los concursantes con regularidad dice de ella que es “la líder de la verdad que necesitamos”, y no puedo estar más de acuerdo.

En este mundo que se jacta de atacar a la falsedad, lo falso sería no empatizar con quien dice que le gusta la sonoridad de la palabra almorrana, que echa de menos a su madre cuando sale de rebajas, o que no quiere ir a que le digan cuatro baboserías a ese programa que llena hora y media de televisión hablando de una fallecida y luego pasa, como si nada, a adorarla a ella.

Luego nos regala su historia de amor con el talentoso y atípico Alfred, al que mima como un hijo. Y, encima, se viraliza el video en el que, años atrás, una profética Mónica Naranjo firmaba su expulsión de otro concurso al que acudía como la enésima y algo repelente niña prodigio armada de un ukelele. Sigue estudiando y nos volveremos a ver las caras: “Entonces volarás”.

Y vaya si está volando. Esta Amaia de España de 2018 no es la Rosa de España de 2002. Tienen en común la sencillez, la versatilidad y el oído (la Rosa de 2018 no tanto), pero difieren en todo lo demás. Amaia, ese genio al que no le gusta hablar de sus virtudes pero que se emociona hasta el llanto con los talentos ajenos, sabe perfectamente donde se encuentra. No en vano se mueve en un entorno familiar y cultural distinto a la rural Armilla, conoce la decepción en otros concursos televisivos y está acabando la carrera de piano a sus 19 años.

Su tía es catedrática de canto del Conservatorio Superior de Navarra, otro de sus tíos fue gerente del Orfeón Pamplonés y de la Orquesta Pablo Sarasate, su hermano también es músico, y sus padres también tienen formación musical. Posee lo que se conoce como oído absoluto, lo que le permite identificar cualquier nota y reproducirla sin haberla escuchado previamente.

Alardeando de una cultura musical impropia en los tiempos que corren, lo mismo acaricia que aporrea las teclas en interminables sesiones de estudio en las que te enlaza Chopin con Dani Martín, Navajita Plateá con El Kanka, y Los Beatles con Jorge Cafrune. ¿La han escuchado cantando el Zorongo gitano de Lorca fusionado con la Malagueña de Albéniz? Según dice, se le ocurrió porque le sonaba bien… Y toca al menos tres instrumentos más con idéntico virtuosismo.

Ella me ha reconciliado con un programa del que inicialmente eché las peores pestes. Las insulsas galas del comienzo son historia, y merecen ser mencionadas la naturalidad y formación de los chicos. Alfred exprime belleza a cualquier instrumento, a Ana Guerra la hemos visto tocar tres, varios tocan la guitarra y el piano, otros con experiencia en musicales… Recuerdo las fiestas en OT1 si Manu Tenorio se montaba un recital en plan acampada, o cuando se criticaba la experiencia previa de Chenoa. El resto no había visto una partitura en su vida.

Lo de Amaia es otro nivel. Y España lo ha visto y la ha adoptado como suya. Al evidente control sobre su voz se añaden una seguridad y concentración impropias de sus 19 años. Sencillamente sale al escenario y canta. El punto de inflexión en su trayectoria lo marcó la interpretación de “Me conformo”, uno de los éxitos de Marisol, su cantante fetiche. Venía de bordar “City of Stars”, “Con las ganas” y “Shape of you”, y esta canción la dominó en unas horas.

La dirección de Academia supo entender que era un error potenciar el rollo angelical y le ofrecieron el reto de explorar su lado oscuro: Pasar de cantar a interpretar, a vivir. De ahí han venido la consolidación y el delirio. “Shake it out”, “Soñar contigo” y “Love on the brain”, tres canciones distintas entre sí en las que desnudó su alma para dejar atrás a Marisol y dar paso a Pepa Flores, para postularse como la única ganadora posible del concurso. Los videos de sus actuaciones, en solitario o a dúo con compañeros, suman 16,3 millones de visualizaciones en Youtube, y eso contando solo las oficiales. A años luz del resto.

¿Ustedes ven otra ganadora? Lo refrendaron los jueces en la gala definitiva, dándole cuatro dieces, la perfección total. Sin jugarse nada, el lunes defiende una de mis canciones favoritas, “Te recuerdo Amanda”, poema de Víctor Jara que tan bellamente describe la triste situación de la América obrera y oprimida del siglo XX, nostálgica, víctima de dictadores y corruptos. Después de habérsela escuchado a Mercedes Sosa, José El Francés, Joan Baez, Silvio Rodríguez, y tantos otros, la de Amaia será una versión nueva y distinta. La única de la Academia capaz de hacerla.

Ya han salido grandes expertos capaces de vaticinar que Amaia ganará OT (wow), pero que no será elegida para representarnos a Eurovisión, e incluso que no sería una buena idea que lo hiciera. En fin… Quiero imaginar que el proceso de selección de canciones terminará con cinco buenos temas, de autores que querrán que las jóvenes estrellas de moda pongan voz y alma a sus composiciones, y que la de Amaia estará a la altura. Versatilidad y talento sobran.

A Eurovisión tenemos que enviar la mejor combinación cantante-canción. Y, sobre todo, a alguien como Amaia que aporte música, seguridad y personalidad, alguien que se distinga del resto. ¿No se postularon varios compositores, interesados en fabricarle una canción a medida?

Mi voto es para Amaia de Europa, pero si le van a asignar una bastada o una antigualla del siglo pasado, querid@ amig@ eurofán, mejor que vaya Agoney. Que le hace ilusión.

La Columna de Alber-Vissión

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